Roberta

Hace frío.
Miro por la ventana los autos al pasar, gente con pasos apresurados, me pregunto: a dónde irán?, que historias tienen por contar?.
Estuvo nevando toda la noche y yo esperando que suene el teléfono, me dijo que llamaría.
Mientras  tomo té verde con  tostadas recuerdo nuestro primer encuentro, me sonrío cuando recuerdo esa tarde.
Era primavera,estaba en Milán de vacaciones sentada en un banco del Parque Sempione donde se encuentra el Castillo de los Sforza, Sforzesco en italiano.El mismo está ubicado en el casco viejo de Milán .Es un lugar hermoso,mucho verde, gente practicando deporte, turistas curiosos y yo allí sentada después de un largo día recorriendo la ciudad.
Lo vi acercarse ,él alto, delgado, pelo oscuro con algunos grises entremezclados,mapa en mano llevaba unas bermudas caquis, camisa blanca de lino, y mocasines marrones. Venía caminando hacia mí, yo lo miraba, no podía dejar de mirarle, lo seguí mirando hasta que lo perdí de vista.
Decidí volver caminando por la Via Cusani luego doblé a la derecha por la Via Broletto y luego giré a la izquierda por la Via Dalmazio para poder llegar al Teatro de La Scala, el mismo se encuentra al frente de la plaza de la Scala y es uno de los teatros de ópera mas famosos del mundo. Suelen comenzar la temporada del teatro el día 7 de diciembre, día de San Ambrosio, santo patrón de Milán.
Estuve dentro del teatro un buen rato, me sumergí en la historia de ese lugar, los personajes de las óperas, sus magníficos trajes cuando en un momento lo veo cerca de mí, a él, el guapo de camisa blanca, prolijo, de nariz grande, sonrisa grande y dientes blancos. Me acerqué a él con el corazón latiendo a mil por hora, quería estar cerca y decidí preguntarle si sabía donde quedaba la galería Vittorio Emanuele, yo ya lo sabía, había estado allí tres veces.
Un hola medio tímido salió de mi boca. Me miró,sonrió y me preguntó: -tu también hablas español?
Estuvimos conversando sobre el viaje, sobre los lugares que recorrimos cada uno por su lado, le conté que estaba viajando sola y que estaría en Milán por tres días más.
Todos los recuerdos se me vienen a la cabeza, cada caminata, cada café compartido, cuántas fotos, cuántas risas….

-siento frío me prepararé otra taza de té verde .
Franco vivía en Méjico desde muy pequeño,tiene cuatro hermanos,sus padres españoles ya habían fallecido.
Había viajado a Italia mitad por trabajo mitad por placer.
El último día decidimos cenar alrededor de la zona de los Navigli donde se encuentran varios restaurantes y bares animados.Me sentía como en las nubes.Después de mucha charla y una rica botella de vino Torrontés salimos a la terraza del lugar donde teníamos una vista hermosa de la ciudad, la luna a los lejos y unas banquetas no tan cómodas para sentarnos . Allí nos besamos apasionadamente, nos prometimos vernos y visitarnos algún día en algún lugar de este pequeño mundo. Fue un encuentro que duró 3 días y medio.
Ya terminé mi té, Franco no me llamó.
Después del viaje continuamos llamándonos,recordando lo vivido e intercambiando deseos.
Me dijo que me llamaría y hoy yo solo tengo una frase de mi autor preferido Julio Cortázar :”Porque, sin buscarte te ando encontrando en todos lados, principalmente cuando cierro los ojos”
Estamos lejos, pero lo siento cerca.Hace un año y medio que no lo veo.
Hay encuentros que nos marcan,hay encuentros que no se olvidan.

Roberta