Anette

Anette despertó aquella mañana nuevamente con esa extraña sensación. Se levantó de la cama y aún con los ojos semi cerrados se dirigió a la cocina. Estaba orgullosa de los cambios que hizo en su casa después que Andrés se fue aquella mañana del 2 de Septiembre. Estuvieron en pareja por cinco años, él director renombrado de una reconocida clínica, cirujano, especialista en manos, sumamente meticuloso le gustaba tener todos los muebles blancos, pulcros, e inmaculados. Él mismo se ocupaba de la limpieza y solían discutir por eso ya que Anette era sumamente desordenada.

Dos meses después de dejarse con Mr Impoluto como ella le decía , decidió renovar la casa. Así fue, que un día que tenia licencia en la clínica, se dirigió a la casa de Don Ernesto, la ferretería del barrio. Compró pintura de color verde, pinceles, agua ras, pagó la cuenta y se sintió, después de mucho tiempo con esa extraña sensación. Al salir de la ferretería se subió a su Ford Ka rojo, su Ferrari roja como le decía ella y fue camino al bazar . Se sentía feliz. Compró estanterías y electrodomésticos nuevos y una máquina de café último modelo. Mr Impoluto no la dejaba tomar café.

-Ah suspiró, mira lo que has logrado Anette,- se dijo en voz alta. Miró la cocina que estaba ahora pintada de color verde, con muebles color marfil, electrodomésticos de colores, plantas en la ventana, y como desde hace un año la mesada de la cocina super desordenada. Anette bebió deprisa su taza de café y pensó que debería llamar a Estela. Por el contrario, se vistió con su ambo color verde, le dio de comer a Theo su gato y se fue .

Estela estaba como siempre ocupada . Anette la llamó aquella tarde., pero saltó el comunicador. -Hola , te comunicaste con el teléfono de Estela, en este momento no puedo atenderte estoy en plena campaña así que pues te llamaré luego. Así era Estela, -pensó Anette. Al salir de la clínica ya cansada, después de un día con varios casos de urgencias, caminando hacia su Ferrari roja vio a un grupo de enfermeras hablando de lo terrible que habia sido el caso del pequeño Tomás, este niño había tenido triple fractura en las piernas y hematomas por todo el cuerpo. – Suspiró con un poco de alivio al pensar que Tomás estuvo en buenas manos. El equipo de cirujanos del Hospital Arismendi era de lo mejor. Iba buscando las llaves del carro en su bolso verde cuando se tropezó con Rodrigo.

-Hola pequeña! – así la llamaba él. Anette desde chica fue muy petisa y flaquita, de cabello color claro, ojos marrones yese flequillo que no dejaba ver sus pequeños ojos.

-Hola Rodrigo, como estás? Tanto tiempo!, -exclamó. Recuerdo que te vi en la fiesta de cumpleaños de Estela el verano pasado. -Sí, supe que te separaste de Andrés y luego no te vi más. Vengo a ver a un amigo que lo han operado y luego sigo, ya sabes, trabajando con Estela uno no tiene mucho tiempo libre. Estamos en plena campaña de la nueva colección, Imagínate!. -La he llamado hace un rato y me salta la casilla de mensajes. A ver si un día de estos te llamo y nos vemos . -Seguro que si Anette, déjame decirte que sigues muy guapa. Nos vemos pronto .

Anette subió al auto, se recostó en el asiento y recordó ese otoño en la Patagonia compartiendo con Rodrigo y Estela en la presentación de la nueva colección –Siempre me gustó ,- pensó un poco melancólica. -Llegaré a casa, me prepararé un omelette con ciboulette, una limonada, y llamaré a Estela. Se dijo.

Estela crió a Anette desde sus 3 años ya que sus padres fallecieron en un accidente de auto cuando viajaban al sur de Argentina. Estela se dedicaba al mundo de la moda, hacía desfiles, diseñaba ropa, siempre rodeada del ambiente fashion, artistas, y gente famosa. Era una mujer bella, alta y elegante. De cabello oscuro, nariz respingada, ojos azules y siempre con su boca con labial de color rojo escarlata. Era viuda, Mario, su marido, falleció de cáncer al mes de casarse. Ella nunca volvió a tener pareja, se hizo famosa y se dedicó al cuidado de la niña Anette Maria Castellón. Acompañó a Anette en su crecimiento, en los actos escolares, cuando fue por primera vez al ginecólogo , cuando tuvo su primera fiesta la ayudó a maquillarse, en el acto de graduación de la facultad de Medicina, la escuchó hablar de sus amoríos de verano, de los de invierno y de

aquellos que no son tan amores pero son experiencias al fin. Tenían una linda relación ella le llamaba Estela pero la sentía como su propia madre.

Aquella mañana fue Theo quien despertó a Anette, ese día tenía cita con su médico de cabecera, ,dos cirugías por la tarde y por fin la noche anterior había quedado con Estela en cenar juntas. Antes de la cena Anette decidió pasar por la peluquería, Rosa la atendía siempre de maravilla, y Enriqueta era la mejor manicure de toda La Pampa. Luego vistió un sobrio vestido negro, unos aretes de plata, y unos stilettos Rojos, como para darle un touch. Estela siempre la reprendía para que se arregle un poco más, ya que siempre la veía de ambo verde, azul o con su solera estampada que usaba con unas ballerinas de las más tradicionales.

La cena estuvo deliciosa, Estela le comentó todos los chismes de los famosos, cuándo y dónde serían sus próximos desfiles y los cotilleos de siempre . Le dijo que sabía que se había visto con Rodrigo. Ella lo sabía siempre todo.

-Hija querida, porqué no lo llamas y sales con él. Hace años que se conocen y se gustan. –Estela, ya sabes, cuando tuve la oportunidad , la gran cita con Rodrigo de la Cruz, fue un chasco. Llegar al estacionamiento del restaurante, ver su auto y al acercarme con el corazón en la mano de los nervios, y la excitación que me producía verlo y encontrarle teniendo sexo con la secretaria de tu fábrica, fue terrible.

–Te acuerdas Estela? Le rompí la puerta del auto, y la señorita salió con sus interiores bajos corriendo por la puerta trasera. Ambas rieron al recordarlo. Anette sabía que fueron años de odiarlo pero en el fondo siempre le quiso.

-Yo lo se mi querida, pero te veo muy sola, ya ha pasado tiempo desde que terminaste con Andrés que no sales con nadie, estas todo el día en ese hospital, o con tu gato Theo.

-Estoy bien . Me siento libre . Tengo mi casa, mi trabajo, salgo con mis colegas de vez en cuando a tomar unos gin tonic, no tengo tiempo para andar de caza. Ya te lo dije, olvídate de Rodrigo, no es un buen partido para mí. –Anette desvió la mirada, aún no podía digerir lo que había pasado.

Al día siguiente Anette tenía día libre y decidió ir a cabalgar, necesitaba pensar, todo esto de Rodrigo la tenía distraída. Al llegar al establo divisó a Sarmiento , su caballo pura sangre heredado de sus padres, estuvo montando y paseando un largo rato.

Al llegar, Don Ramón, el capataz de la chacra ,la esperaba con unos ricos mates y tortas fritas. Fue un día mágico, cabalgar la llenaba de energía. Solo sabía una cosa, moría de amor por ese hombre , con cara de niño terrible, de cabellos claros y sonrisa atrevida.

Rodrigo era la mano derecha de Estela, siempre rodeado de bellas mujeres, siempre elegante, y trabajador. Anette buscó en su teléfono una foto de él. –Quiero conquistarle dijo en voz alta mirando a la foto.

-Será que tendré la chance de que él se enamore de mi ? Subió a su auto con aquella extraña sensación. Hace días que tenía a Andrés en sus pensamientos.

Al entrar en su casa aquella noche debajo de su puerta encontró un sobre blanco, dentro había una nota de Andrés.

-Que raro Andrés – pensó y comenzó a leer:

Querida Anette: Me gustaría citarte y verte pronto para decirte lo mucho que te aprecio, lo que extraño verte en la casa feliz con tu desorden, aunque muchas veces hayamos tenido nuestras diferencias. Me estoy yendo. Tengo cáncer y al parecer solo unas horas más de vida. Mi enfermera Margarita me esta ayudando a escribir . Hoy sentí una extraña sensación de que estos días hemos estado conectados de alguna manera. Hasta siempre Anette.

-Era <esa extraña sensación> – sollozando pensó Anette.