Carla

Estoy sentada aquí, en esta banqueta azul que me regalaste ese día gris de otoño, son las ocho y ya oscurece. Se ve el cielo negro con algunas pinceladas de grises. Creo que va a llover, tal vez alguna loca tempestad, tal vez solo unas gotas. Quién sabe?

Desde que estoy con el bastón salgo poco, Amalia me ayuda mucho pero ya no es lo mismo.  Necesito el aire en la cara, sentir la lluvia en mi piel y que corra como un río.

Me corté el pelo como te gusta, sigo con esta piel blanca tan transparente que se puede ver hasta lo que pienso. Continúo usando vestidos azules, tacones de 10 centímetros y medias de red.

Mirando por el ventanal me imagino historias de la gente que veo pasar. Algunos caminan rápido mirando hacia el suelo, poca gente camina con la frente en alto. Cierro los ojos y recuerdo nuestras charlas cuando salía a bailar, -qué me pongo hoy ?, -te preguntaba-  y tantísimas cosas.

LLamo a Amalia, esta banqueta es un poco incómoda ahora que tengo poca movilidad. Es la que usaba para trabajar en mis diseños. Amalia es mi vecina del quinto piso, tiene sesenta años, seis hijos y dieciseis  nietos. Es alta, grandota, a veces rubia a veces se oscurece el pelo, con esas miradas que traspasan el más allá, generosa y muy divertida. Viene tres veces al día, me ayuda con la cocina, a veces acomoda mis trastos o charlamos mientras tomamos un té de jengibre con miel.

María, mi amiga de toda la vida ,viene todos los días y me lleva a pasear  por la laguna. Reímos tanto que nos llega a doler la mandíbula. Tomamos algo y los viernes cenamos en la cantina de Don Alves. Pedimos dos birras rojas y depende del día vamos a escuchar jazz por ahí.

María y yo trabajamos juntas, ella es arquitecta y yo diseñadora de interiores. Me gusta trabajar en casa, con mi música, mi gata Cata y los discos de vinilo. Me inspiran.

Hoy me voy a dormir temprano, le dije a María que necesito descansar ;mañana presentamos un proyecto al hermano de Sol, ya sabes, tan perfeccionista que hemos pensado en mil y un detalle.

Te miro y me reconozco. Hay días que no quiero ni verte, ni ganas de hablar contigo. Con vos no hay caretas, solo tu sabes que me gusta el tiramisú con limón , solo tu sabes de lo que soy capaz, me ayudas a creer en mí. Contigo me doy consejos a mi misma que luego no los sigo.

A veces te miro de reojo, ya sabes, nos debemos una charla a corazón abierto.

-Lo sé, solo una persona puede impedirte que llegues alto y te mira todos los días desde mi lugar.

-Desde tu ESPEJO.