Volver a intentarlo

No temas caerte.
Hay momentos en la vida que nos ponen a prueba.
Momentos en los que tenemos que salir adelante.
Momentos que nos darán aprendizaje y fuerza.
A veces necesitamos descansar y aprender la lección.
A levantarse nuevamente, seguir adelante con la mente
más clara.
Así será por siempre.
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Paseo por el subte

Hola a todos, hoy volviendo del barrio Caballito,el mismo se encuentra aquí en Capital Federal, bajé las escaleras para tomar el subte.
Comencé a escuchar esta canción que dos jóvenes con sus dos guitarras entonaban con unas voces soñadas.
Comencé a cantar, me transportó a mi adolescencia. Es un tema que escuchaba mucho, que mi amiga Cecilia me la hizo oir por primera vez.
El subte llegó, subí al vagón, me senté, mientras seguía susurrando las letras de Silvio Rodríguez.
Al frente mío, había una mujer de pelo castaño, camisa blanca, jeans azules y zapatos azules que comenzó a tararear, cerró sus ojos,y me quedé observándola.Con su mano derecha sostenía un libro, con la izquierda agarró una medalla colgada de su cuello y pude, o más bién sentí cómo la música la llevó a un recuerdo.
Sentí su emoción, su risa, su movimiento de vaivén.
Fue como contemplar su recuerdo. Nunca sabré qué pensó, a quién imaginó y el porqué de su risa, el tren se iba alejando, ya se oía poco y cuando abrió sus ojos la vi alegre, con una sonrisa, en paz. Bajó su mirada al libro y continuó leyendo.
Yo también sonreí.

Ojalá que las hojas no te toquen el cuerpo cuando caigan para que no las puedas convertir en cristal.
Ojalá que la lluvia deje de ser milagro que baja por tu cuerpo. Ojalá que la luna pueda salir sin tí.
Ojalá que la tierra no te bese los pasos.
Ojalá se te acabé la mirada constante, la palabra precisa, la sonrisa perfecta.
Ojalá pase algo que te borre de pronto: una luz cegadora, un disparo de nieve.
Ojalá por lo menos que me lleve la muerte, para no verte tanto, para no verte siempre en todos los segundos, en todas las visiones:
ojalá que no pueda tocarte ni en canciones
Ojalá que la aurora no dé gritos que caigan en mi espalda.
Ojalá que tu nombre se le olvide a esa voz.
Ojalá las paredes no retengan tu ruido de camino cansado.
Ojalá que el deseo se vaya tras de tí, a tu viejo gobierno de difuntos y flores.

 

Ojalᨠby Silvio Eodriguez

La niña

Caminando aquella tarde gris, fresca y húmeda, vi esa niña regordeta de cabello risado y despeinado. Acompañaba a su mamá mientras trabajaba en el puesto callejero. La niña sostenía un cuaderno universitario en una mano y un lápiz en la otra.

Su madre se sentó sobre el alfheizar de la ventana del negocio que quedaba frente a su puestito y la chiquita apoyó el cuaderno sobre la falda de su protectora.

Con unos ojos ávidos y curiosos se dispuso a dibujar, escribir o garabatear.

Los ojos cansados de su mamá, seguramente por llevar una vida sacrificada para poder darle lo mejor, la miraban con ternura, sabiendo que todo el esfuerzo valía la pena.

Fue inevitable que ello me remontara a mi historia, a mi mamá, a mi antigua yo. ¿Dónde está esa niña? ¿Dónde se fue? Me asalta la angustia al pensar que ya no está, que el tiempo la hizo desaparecer. Quisiera que estuviera por ahí, escondida o dormida … Pero lo dudo. La persona actual, ocupada, preocupada, planificadora no la deja despertar o ser; no la deja desplegar su esplendor, su curiosidad, su frescura, sus risas, su arte, su amor y sus caricias.

Esa angustia permanece y oprime.

¿Dónde estará? ¿Podrá volver a brillar?

María Agustina Irigoytia – Abril 2017