Brest, Francia

Buenos Aires 1995

Era la segunda vez que viajaba al exterior en avión.

Esta vez, con el grupo de deporte y el entrenador. Aún no tenía quince años y era la más chica del  grupo. Poder estar dentro del equipo Argentino de Windsurf para competir en  Francia era lo mejor que me podía pasar.

Muchos días de entrenamiento habíamos pasado todos para llegar a esta competencia.

En mi caso, de lunes a viernes la misma rutina; primero ir al colegio, segundo ir a la terminal a tomar el colectivo que me llevaba al lago San Roque en Villa Carlos Paz, Córdoba.Luego entrenar un par de horas, volver al gimnasio donde me esperaba el personal trainer, ir a casa, hacer las tareas, estudiar, cenar, darme un baño y dormir a las diez de la noche.

Los sábados y domingos generalmente tenía regata o entrenamiento. Nos juntábamos en el club, donde poníamos a punto el aparejo de vela y tabla y a esperar que haya viento.

Depende del día se armaban partidos de voley, salíamos a andar en bici o simplemente nos relajábamos en la piscina.

A la noche, sobre todo en verano íbamos a bailar o a un bar pero al otro día a la mañana de nuevo a entrenar.

Con Cecilia mi amiga de toda la vida pasamos veranos inolvidables en Carlos Paz .Nos divertíamos muchísimo pero lo mejor era esa complicidad que nos unía y hasta el día de hoy nos une.

Francia 1995

Llegar a Francia al Aeropuerto Charles de Gaulle, alquilar dos autos grandes y andar por la ruta un par de horas hasta la ciudad de Brest es un recuerdo inolvidable.

Esos paisajes verdes de la región de Bretaña al noroeste del país no me los olvido más.

Brest, es una ciudad de gran actividad portuaria, debido a la estratégica posición en la que se encuentra tanto con respecto al país como con respecto al continente  donde ha tenido una gran importancia la presencia militar.  Sumergirse en las calles de la ciudad que creció alrededor de su arsenal, construido en 1631 por Richelieu, en las orillas del río Penfeld es muy pintoresco.

Incluso hoy en día, la base naval sigue siendo el motor económico de la ciudad que fue completamente reconstruido después de los bombardeos de 1944. Paseando por el centro de la ciudad, se encuentra el monumento más antiguo de la ciudad, el Castillo de Brest… de diecisiete siglos de antigüedad. Alberga el Museo Marítimo, donde se expone toda la historia militar de la ciudad, incluyendo una colección de maquetas de barcos.

La bahía de Brest, excelente espacio para paseos en barco, o el pueblo de pescadores Meneham también llegan a seducirte. Cada verano,los muelles de Brest invitan a conciertos gratuitos. Y luego, durante una semana cada cuatro años, Brest organiza reuniones internacionales de veleros tradicionales, Les Tonnerres de Brest, fantástica reunión de miles de barcos de todo el mundo, venidos de los cuatro rincones del mundo!

Comer en esta zona es una delicia,las riquezas del mar son suficientes para satisfacer los paladares más exigentes: cigalas, ostras, almejas, camarones, bígaros … son los ricos platos de marisco.

Estuve varios días con el equipo de windsurf participando del mundial , conocer gente de tantos países, jóvenes como yo que en ese momento , para muchos, era la primera vez que viajaban al exterior fue una gran experiencia.

Salir de la zona de confort

La estructura mental de las personas depende estrechamente del lugar donde fueron criados. Conocer distintas voces ayuda a comprender cómo funciona la mente de otras personas y a cruzar ideas aceptando la visión del otro. La retroalimentación cultural afecta tus actitudes cuando vuelves a casa, te convierte en una persona abierta que puede apreciar distintas escalas de valores en sus contextos. Serás capaz de dialogar con personas que discrepan con tus ideas sobre el mundo, pero podrás argumentar tus opiniones y aceptar las ajenas fomentando un ambiente de intercambio.

Crece la humildad, la confianza y sobre todo la tolerancia. Aumenta la capacidad de hacer amigos, de aprender idiomas, de sobreponerse a circunstancias adversas. Es maravilloso, rico y súper recomendable.

En ese momento no pude ver todas estas cosas que años después de haber vivido en varios países pude darme cuenta de todo esto. Esta experiencia fue el principio.

Y un consejo más, no te vayas de Brest sin visitar el Oceanopolis: un parque acuático que recrea los océanos del mundo (único en Europa), con enormes acuarios y una clínica para focas. ¡Hasta podrás tocar algunas especies de la fauna marina!.

¿Lo sabías?

¡Mil millones de truenos… de Brest!

El capitán Haddock de Tintín solía utilizar la expresión “¡Mil millones de mil truenos!”. En realidad esa expresión corresponde a la traducción del francés “¡Trueno de Brest!”, que hace referencia a los cañonazos que durante casi tres siglos todos los días (a las 7 de la mañana y a las 7 de la tarde) marcaron el ritmo de Brest.

 

Un beso para todos

Marina