La espera

Tengo la convicción de que a todos en cierto punto nos disgusta esperar. Somos por naturaleza impacientes y vivimos en un mundo que cultiva la ansiedad. ¡Qué tedio esperar al médico que, da turno, y demora cuarenta minutos por lo menos! ¡Qué pérdida de tiempo esperar en un embotellamiento!

Esperar los resultados de un análisis, con el Jesús en la boca, haciendo hipótesis sobre el posible resultado, que puede llegar a cambiar tu vida. O el de un examen que puede significar el éxito o el fracaso. Esperar la fecha tan esperada de ese acontecimiento que planeamos, pensamos, soñamos.

Pero hay veces que esperar es esperanza, ilusión, emoción. Esperar a esa persona que hace tanto no ves y sabés que va a llegar a esa hora, de ese día. Contando los segundos para que cruce esa puerta. Y cuando uno es esa persona, ¡Qué bien que se siente ser esperado! ¡Cómo llena el alma que te reciban con ese abrazo que transmite todo ese amor retenido por tanto tiempo! Cruzar esa puerta y parecerse una suricata estirando el cuello para divisar a quien te espera.

María Agustina  – 19/05/17