LADIS

Después de una semana enérgica y con muchos logros personales, amanezco hoy en paz , el día se ve gris pero me visto con ropa de color. Abro las ventanas de par en par para que se vea el verde de los árboles del frente y  dejo que entre ese aire fresco con olor a lluvia que cae copiosamente y me moja todo el balcón.

Esta semana vengo reflexionando sobre otra gran palabra y no puedo evitar pensar en mi amiga Ladis. Ella es colombiana, una morocha jovial de ojos negros que cuando ríe se le notan sus pecas en sus cachetes. Nos conocimos en Bakú, ambas con el mismo objetivo; seguir un proyecto familiar viajando por varios países. Mientras me sirvo otro mate dejo mi mente vagar por aquella época.

Bakú es una ciudad hermosa donde la arquitectura del lugar te invita a convivir con la historia y el progreso permanentemente. Algunos edificios viejos y rotos de la época soviética, calles angostas donde si uno mira hacia arriba se encuentra con una gran red de tendederos de ropa. Se ven plazas, con sus grandes fuentes impecables, bien cuidadas y en primavera tan llenas de flores. El gran boulevard que da al Mar Caspio donde los fines de semana las familias pasean, se sientan en los bancos de madera, o en algunas casas típicas para tomar el té. Al mismo tiempo hay construcciones modernas como las torres en forma de llama de fuego, todas de vidrio y que por las noches iluminan con distintas figuras gran parte de la ciudad, si fuera una postal cada foto tiene ese contraste, la ciudad vieja amurallada de casas bajas, callecitas de adoquines, lugares donde te dan baños turcos llamados hamman y los modernos edificios de esta era del modernismo, sin líneas rectas y sofisticados.

Ladis y yo junto a otro grupo de mujeres de la comunidad de habla hispana solíamos caminar por esos lugares y por 3 años de los 5 que estuve convivimos como una gran familia. Al principio vivir en el extranjero es duro, en este caso el choque cultural y el idioma fueron para todos un gran desafío. Después de un tiempo uno va haciendo amigos, nuevos grupos que hacen que los momentos tristes desaparezcan y uno puede sentirse en casa, porque después de todo, el hogar reside donde habita el corazón.

Hay relaciones que se profundizan, es como que todos estamos con las mismas dificultades y juntos vamos haciendo esta vida en el extranjero más amena, pasamos por emociones parecidas y nos fortalecemos poco a poco. Con Ladis tuve una gran conexión desde el principio y en este presente que continuamos nuestra amistad a la distancia ella en México y yo en Buenos Aires hemos vivido situaciones de vida muy parecidas.

Tuvimos la oportunidad de vernos en 2017 y compartir 3 días de vacaciones, es extraordinario encontrarte con alguien y hablar como si lo hubieras visto ayer. Yo les llamo amistades profundas. Y se siente, al despedirse, una gran congoja porque si bien el vínculo no se rompe sabes que no sabrás si volverás a ver a esa persona o no. Es un gran proceso de duelo que se hace y lo más difícil que me ha tocado procesar en esta experiencia de vivir en el exterior.

Esta semana hablé con ella porque está atravesando un momento sensible donde decidió avanzar en su vida, volver a mudarse, comenzar de cero y sola. Ella es fuerte pero le hablé desde mi experiencia.

Este año pude transitar lo que significa dar un paso al costado, cambiar de posición para poder analizar mejor los ruidos que escuchaba alrededor. Y para esto se necesita un periodo de introspección, de aislamiento para mirarnos hacia adentro y preguntarnos cómo estamos, qué soñamos, porqué es importante hacer o no lo que venimos realizando. Es muy positivo y necesario le dije a Ladis poder aislarse para poner atención en nosotros mismos.

Pasa que en este proceso, y cuando pasamos por muchos cambios, pasamos a tener momentos donde esa soledad nos sofoca, nos oprime, nos aplasta o nos deja todo el día en la cama con el edredón tapándonos hasta la cabeza no vaya ser que alguien nos encuentre. Es ése lugar donde no nos soportamos ni a nosotros mismos, es incómodo.

Y salimos un día a la calle con la frente en alto enfrentando nuestros miedos  pero al mismo tiempo sintiendo esa carencia voluntaria o no de compañía. Somos seres sociales donde usualmente creemos que sobreviviremos solamente si estamos en conexión con otros.

Ambas pasamos por distintas fases de ambigüedad entre esa sensación de clausura y de encierro y otras tomando esos momentos como oportunidades para comprender nuestro propio mundo interior.

Sigue lloviendo, el mate ya está frío, se escucha Let her go de Passenger levanto la mirada y miro alrededor. Estoy sola.

“Sólo necesitas la luz cuando se está consumiendo,

Sólo echas de menos el sol cuando comienza a nevar,

Sólo sabes que la quieres cuando la dejas marchar.”

 

 

 

Responder

Por favor, inicia sesión con uno de estos métodos para publicar tu comentario:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s