Un Amigo Cómplice

Café de por medio, salidas nocturnas, caminatas, noches largas, reír a carcajadas, llorar desconsoladamente, abrazos de oso, largos mensajes por whatsapp que en alguna época no tan lejana eran cartas escritas en papel, vacaciones compartidas, secretos, contarte mi primer beso o mis proyectos, contar anécdotas, momentos de enojo, de dudas, de miedos y momentos de despedidas…. cuántos momentos que hemos pasado.

A lo largo de la vida frecuentamos varios grupos de amistades, desde que somos niños nos preguntan ¿Quién es tu mejor amigo/a?, nuestros padres se involucran en nuestras relaciones con nuestros pares tratando de cuidar nuestros vínculos, queriendo  que conectemos con personas que tengan valores parecidos. A veces rotulamos demasiado, en vez de dejar que sea lo que será.

Somos energía entiendo hoy, y sé que vamos vibrando de manera dispar. Conectamos a veces con personas de manera profunda y hasta irracional pudiendo compartir a lo largo de la vida o tan solo una o dos veces para luego desvincularnos en una noche de verano como si nada hubiese pasado y seguimos adelante por nuestro camino sinuoso codeándonos con personas sorprendentes, enigmáticas, atractivas, sombrías, amorosas, otras tantas incomprensibles, lejanas, y hasta desconocidas. Nos conectamos con la palabra, en distintos idiomas, a través de nuestro lenguaje corporal, desde esas miradas sostenidas que lo dicen todo, desde el corazón y a veces desde la ira.

He llegado a compartir momentos íntimos con personas elegidas y sin embargo, nunca pude conectar desde lo profundo. He viajado mucho y tengo amigos y conocidos en muchos lugares y he tenido que soportar durísimas despedidas. Con muchos de ellos vivencié historias de vida complejas, y aunque la distancia física provoque cierto tipo de dilatación, al volver a conectar aunque sea vía telefónica aflora esa sensación plena de estar hablando con ese alguien que te conoce la voz, que siente lo que uno siente, que no hace falta justificar ni juzgar, que escucha y que trasmite cotideaneidad.

¿Cómo nos conectamos hoy con las relaciones de amistad y familiares? Es una buena pregunta porque vamos cambiando de posición frente a diversos comportamientos y actitudes. A todos nos pasa. Queremos vernos más seguido pero también es porque vamos priorizando otros asuntos. Ponemos excusas de no tener tiempo, de que hay mucho tráfico, de que el clima no es el apropiado, los hijos, las parejas y así, tantos peros. ¿Son excusas? -me pregunto. Algunos vamos teniendo claro que decir no quiero verte hoy, significa que tengo más ganas de estar conmigo que contigo. La coherencia, la flexibilidad, la generosidad, el agradecimiento y la lealtad son otros valores a tener en cuenta para consolidar una relación de amistad.

A veces, al tomar distancia con algún familiar cuesta volver a entablar una relación ya que pasamos a desconocernos en algún punto. Querer que el otro relate sus sentimientos va a requerir que nos sentemos nuevamente a contar quienes somos, qué cosas sentimos y desde allí poder construir nuevamente otra conexión basada en la entrega, la confianza sin límites, la paciencia, el respeto, el afecto mutuo y el saber perdonar resignificando así esa nueva conducta que se genera entre dos o varios. Y también en las relaciones familiares si la confianza se destruye podemos dar un paso al costado y sin llegar a tener un trato soez,  poder elegir de qué manera vincular.

Vamos caminando por nuestro camino a veces acompañados por la misma persona, en otros momentos rodeados de gente, algunos van quedando en el camino y nos han dejado mucho aprendizaje o una gran lección. Quizás no volveremos a verlos, pero siguen estando en nuestro recuerdo.

Soy ingenua,  siempre he creído en los demás.  En general confío en las personas, aprendo sin experimentar todo, pues no lo veo necesario. Fácilmente  conozco a la gente porque tengo el don de saber cómo son, y muy pocas veces me he equivocado.

Debe ser porque estoy aprendiendo a ser una mujer madura y cursi a ratos. Sí, cursi porque dentro de mí está mi niña interior, mi adolescente impulsiva y  mi experiencia de vida. Quiero estar con alguien importante,  que me dé un antes y un después: antes de conocerte, cuando te llegue a conocer, bien o muy bien, tus gustos, tus sueños, tus planes para el futuro. Lealtad.  Quiero sinceridad, confiar en el otro, tener mi  mejor confidente, el que sepa guardar secretos, que me escuche sin juzgarme,  que  me abrace sin  exigir nada a cambio. Que me conozca sin criticarme, que tenga la fuerza para decirme las cosas que no le gustan de mí y yo tener la cordura para escuchar, mismo no este de acuerdo. Estar presente sin estarlo, en la distancia, con los pensamientos de alegría y buena vibra. Que tenga una palabra amable, una sonrisa, una risa, una oración cuando estamos mal, un llamado de atención cuando sea necesario. Que sea mi cómplice al viajar, caminar, correr, volar, leer un libro, ver una película, caminar por la playa, por la montaña, hasta tomar una simple taza de café en el momento que se pueda.

Quiero vivir, solo quiero un cómplice.  Un amigo cómplice.

2 comments

  1. Que dificil es a veces tener ese amigo cómplice, con quién sentir que es tu complemento en muchas cosas. Y a veces esa amiga de toda la vida, comienza a ser una amiga solamente, con poca conexión.
    Por mi lado, soy más de tener conocidos, puedo decir que no tengo un amigo con quién puedo considerar mi otra mitad, mucho menos llegar a confiar. La tuve, si, pero el tiempo y uno mismo comienza a cambiar las situaciones que nos rodean.
    Hermosa entrada.

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