La Casa de 9 de Julio

Aquí les comparto un texto de una de mis lectoras Silvina Quiroga, que lo disfruten .
Desde chica llegábamos a Capital en auto. Yo apoyaba el mentón en el marco de la ventanilla para así poder divisar mejor esa única casa. Si, esa casa, la única en pleno centro, al lado del obelisco, sobre los edificios.
Me preguntaba si alguien la habría visto antes, años y años emocionándome al ver que en pleno centro había una casa e imaginaba ¿quién viviría ahí?, ¿Cuál sería su historia? ¿Ves que se puede vivir en casa en plenísima Capital?

Recuerdo una vez haberles dicho de esa casa a mi familia y que mis hermanos se burlaran de mí, diciéndome que no podía haber una casa al lado del obelisco. No me creyeron hasta que un día la descubrieron en nuestro rápido pasar.

Tengo en mi memoria, que en el Obelisco se celebró la llegada de la democracia con Alfonsín. Recuerdo haberlo visto pintado con aersoles y luego arreglado y enrejado. Recuerdo cruzar siempre esa gran avenida con terror a que me pisara un auto. Luego terror a los piropos obscenos mientras caminaba hacia ese gran McDonald’s, de regreso de la facultad, para comer alguna hamburguesa con queso, ya que el camino a casa sería largo.

Recuerdo ver desde chica mujeres, o más bien nenas, con un bebé, seguro su hijo, en brazos pidiendo, así como la caricia en la mano de ese pibe de 12 años para robarme el #Startac. Lo llevaba en la mano para marcar un número y contar que tenía miedo a un vagundo que se me acercaba demasiado. No supe qué hacer hasta que de repente me encontré corriendo detrás de este pibe a pasos agigantados por lo injusto de la situación. Recuerdo verlo perderse en una gran plaza y que la policía me dijera, sin más, que hacia allá huían todos. Me decía que ellos nada podían hacer, mientras la recorreríamos para que yo identificara al pibe.

Recuerdo mi promesa de evitar esa zona, cuya avenida cruzaba corriendo por que me gustaba ir a la facultad, a pie, para evitar el subte abarrotado de gente.

Recuerdo regresar de la facultad con una piedra en la cartera, porque a Ranelagh llegaba de noche, a un barrio poco iluminado de una avenida Sevilla vacía de gente y de autos. Recuerdo haber cruzado esa ancha, vacía y oscura avenida de mi barrio corriendo a más no poder, porque un tipo me seguía; uno que salía de la cortada oscura desde donde escuchaba sus pasos, oculto para acecharme. Bloqueó mi camino con su bici diciéndome yo que sé. Corrí hacia la luz del kiosco con este tipo de aspecto desagradable corriéndome detrás. Luego me contarían que ese muchacho por ahí habría pasado mirando todo y mirando a su nena que estaba ahí parada en el kiosco.

Recuerdo mi mochilita donde llevaba esa piedra por miedo a que un hombre me molestara en la calle, recuerdo agarrarla fuerte y abrazar la piedra con mis dedos mientras caminaba de regreso de la facu con la patrulla con 2 policías dándole toques a la sirena y diciéndome obscenidades, que yo evitaba escuchar, caminando, mirando al frente y temiendo reaccionar y que algo me hicieran.

Un día escapé del microcentro invadida por el stress de esa ciudad y no quise regresar más.

Pero el destino me llevó a un día regresar. Regresar a ese punto neurálgico por tener un interés altísimo en tomar clases de stand-up en el teatro del locutorio. Un pequeño teatro hacia el final del pasillo de un locutorio, a media cuadra del obelisco, bajando una oscura escalera; animándome a bajar por que una conocida me había recomendado ese curso al que ella también fue.

Ahí fui 6 meses parándome en el escenario con mis relatos, hablando, pretendiendo reírme de mi misma. Logrando hablar mucho, sí, pero sin poderme escapar de la narrativa, o lograr principalmente poder reírme de mi misma.

Enfrenté mis miedos, fui con miedo cruzando esa gran avenida. Estuve en el escenario de lo que uno veía en los noticieros.
Salí de las clases y vi la casa, ¿quién viviría ahí? ¿Cuál sería su historia? El profesor nos dijo que “no hagamos puerta”, no era una zona segura.

Vi el obelisco cambiar de colores y la casa iluminada en colores detrás. ¿Cómo se vería el obelisco desde sus ventanas? ¿Se vería una ciudad pacífica?

Ví a los de boca ó los de river/ a las de verde y de azul/ a los piqueteros con sus caras tapadas, palos en sus manos enfrentados a la pobre policía envalentonada con sus escudos en alto. De esa casa imagino, sólo se vería un mundo de colores bailar entramado con los colores intensos de los jacarandá en flor.

Y cada noche llegaba casi corriendo, abrazada a mi cartera, mirando hacia los costados atenta y exhalando profundo esos miedos antes de entrar. Otra vez me animé a las 7 o 10 de la noche correr apresurada, aunque llegara temprano por esa zona tan emblemática que en una postal o desde esa casa en lo alto se vería emblemática, señorial, rodeada de colores bailando de felicidad. De allí no se veían los colores rivales ni se escuchaban los petardos y banderas escritas, ni se veían los robos ni la piedra en mi cartera.

En seis meses aprendí un montón no sólo de las estructuras del stand-up, sino a no temerle “tanto” a esa zona, a cruzar sin correr ni pegarme a gente que me inspiraría seguridad y confianza. No temerle a las miradas de un hombre dándole pitadas a alguna yerba enroscada en un cigarrilo armado. No temer a las protestas, ni preguntarme ya qué hacían los camiones de canales de tv apostados sobre la plaza filmando en todas las direcciones. A no temerle a las hinchadas de Boca o de River. Pero si bien mis temores se apaciguaron, dejé mis clases de stand-up, de hablar en un micrófono sintiéndome pez en el agua. Es que aún no lograba hacer click con las cientos de hojas de material escritas, sentía no era momento de reírme de mi misma ni develar mis miedos por cruzar esa gran avenida. Pero había miedo instalado en mis entrañas de ese lugar aunque no me hubiera pasado jamás nada grave. Sentía ese cruzar como ponerme en riesgo totalmente innecesario y ya me hartaba de ver que todas las mujeres del grupo, por razones inentendibles, dejaran de ir también.

Ayer volví para ver la demo de la muestra de mis compañeros, los había extrañado, a mi profe también y al teatrito de cortinas rojas con sus risas por sobre todo. Por supuesto a esas caripelas las recordaba, sin entender, ¿cómo habría pasado 30 veces por esas veredas en la oscura noche?

Ese día el 59 no llegó a la 9 de julio, desviado por el movimiento de #TodosPorLucia , una chica apaleada y violada por un tipo que quedó libre por visitarla con una Cindor y no recuerdo qué otra golsina, muy inocente su visita para ser considerado un violador; consideró aquel hombre, el juez, el que tiene la última palabra.

Regreso, rodeada de mujeres con sus pañuelos verdes defendiendo a Lucía que ya se fue, con el calendario feminista de Victoria Morete en mi cartera reemplazando esa piedra que en realidad había sido regalo de mi amiga firmado por ella para representar nuestra amistad. Esa piedra que yo estaba dispuesta a usar en legítima defensa.

No soy verde, no soy azul, ni de ningún color, no puedo concebir el aborto salvo que se haga por una violación. Mi amor por los bebés sanos, no sanos, esperados ó no esperados pero bebés en fin, no son culpables de un “se me escapó quedar embarazada”. No soy verde, no soy azul pero si pido por #NiunaMenos Estoy en contra del machismo, odio haber tenido miedo toda la vida por ser mujer y odio estar contenta por no estar más en el rango de edad que pueda ser apetecible por un pibe sin educación, sin límites

sin escrúpulos.
Me parece injusto que no me sienta protegida por la policía, no me siento segura en una zona emblemática y tema hoy por mi hija cuando crezca. Sé que debo mantenerla atenta pero no transmitirle los miedos del ser mujer y no tener derechos a caminar sin escuchar palabras desmesuradas de un hombre calentón, estar atenta para evitar el toqueteo en un boliche y andar libre por la vida, tan libre como estos tipitos enfermos de mentalidad.

#LaCasaDe9DeJulio #TodosPorLucia

Sil Quiroga

2 comentarios

Responder

Por favor, inicia sesión con uno de estos métodos para publicar tu comentario:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s