No Es No

Testimonio de una amiga

#miracomonosponemos #abuso

#miracomonosponemos

A todos mis amigos y amigas:

Me atrevo a escribir esto porque es evidente que hay cosas que todavía como sociedad nos cuesta asimilar. Voy a abrir este cajón y voy a sacar mi historia y pedirle así a mis amigas, compañeras, colegas y conocidas que empecemos a mirar con otros ojos esta realidad que ya nos tapa el cuello y que nos animemos a contar. Les pido por favor que ayudemos a visualizar esto, que mostremos que no sólo les pasa a las actrices, sino que es algo que viene pasando desde siempre en las familias, en las escuelas y en lugares de trabajo y que tantos años de silencio solo ayudaron a naturalizar algo que es una aberración.

A los 13 años comencé a viajar en el 122 desde Lugano a Flores para ir al colegio. No puedo contabilizar las veces que me tocaron el culo a las 7 de la mañana. No me rozaban, me metían la mano. La primera vez lloré en silencio, no sabía que tenía que hacer, hacía poco que viajaba sola y no sabía si estaba bien o no decir algo. Una vez, iba con mi madre y la tocaron a ella. Mi vieja, pobre, lo enfrentó y le gritó adelante de todo el mundo y el muy descarado le espetó “callate que te gusta”. A partir de ese ejemplo, me hice valiente y comencé a gritarles cuando me tocaban. Conviví con eso durante toda la secundaria. Cuando culminé mis estudios, nunca más me subí a un colectivo, razón por la que hasta el día de hoy me cargan todos mis amigos.”Tenes el culo de oro”, suelen decirme. “No, simplemente me lo gastaron”. Ya en quinto año, fuimos varias chicas a un baile en Gimnasia y Esgrima de Villa del Parque y nos tocaron tanto el culo que nos teníamos que sentar porque no se podía bailar ni esperar a que te inviten a la pista en un lugar seguro.

Nunca le tuve miedo a los hombres, tal vez por haber tenido experiencias desagradables desde muy chica.

En el 90 trabajaba en una radio muy importante. Sus dueños eran dos señores muy reconocidos profesionalmente. Uno de ellos, tenía la costumbre de acosar mujeres. En una oportunidad la víctima era la recepcionista de la radio, cuyo nombre no recuerdo. Se negaba todo el tiempo a sus reiteradas insinuaciones en las que le prometía que si salía con el tendría un ascenso asegurado. Ella ya no podía más y fue a la fiesta de fin de año de la radio acompañada por su novio. La fiesta fue un viernes. El lunes la despidió. Toda la radio lo sabía. En un oportunidad, este señor me llamó a su despacho. Subí y cuando entré cerró con llave y me arrinconó contra la puerta y se me tiró encima directo al cuello. Grité y lo empujé, abrí la puerta y bajé temblando, descompuesta. Mi jefe, que seguro va a leer esto, me contuvo y a partir de ese momento fue quien me cuidó. Mi miedo era que me echara pero no lo hizo, tal vez porque no lo provoqué mostrándole un novio, yo en ese momento estaba sola. A partir de ese día, cuando el susodicho llegaba a las seis de la tarde, el señor de seguridad me avisaba y mientras él subía por el ascensor, yo bajaba corriendo por las escaleras y me quedaba en un bar de la vuelta, el viejo Pink Gin, hasta que mi jefe me traía el tapado y la cartera. Estuve así unos meses hasta que conseguí trabajo en otra radio muy importante.

En 1994, una de las estrellas de la radio del momento, me volvía loca para ir a tomar un café con el. Me mandaba siempre mensajes a través de una persona que era su alcahuete y no me dejaba en paz.Hasta que un día lo encontré en el café al lado de la radio y le dije de manera muy educada que no me gustaba lo que hacía, que él era lo suficientemente importante y talentoso como para comportarse así y a partir de ese momento nunca más me molestó. Varias veces lo crucé en otros medios y nos tratamos siempre con mucho respeto. Igualmente sé que le están cocinando varias denuncias.

Luego, comencé a trabajar en el Estado y si bien no me acosaron sexualmente conocí el mobbing y el maltrato por cuestiones políticas hasta que me despidieron pero también debo decir que hasta la llegada de La Cámpora tuve la suerte de tener jefes y compañeros maravillosos.

A mis amigos hombres que hoy se sienten avasallados por las denuncias, quiero decirles que esto no es nuevo. Que muchisimas mujeres hemos sido víctimas de acoso, de preguntas desubicadas, de chistes desagradables que atentan contra la dignidad de las mujeres. Y ni hablar de los apodos que me ponían por el tamaño de mis tetas.

Se que cuesta digerirlo, y eso no nos hace enemigos, sólo les pedimos, que nos escuchen sin juzgar, que traten de quitarse el chip “yo no le creo” o “busca fama”. Yo no necesito fama, no necesito nada y lo tengo superado porque de alguna manera se me encalló, lo curé, usé toda mi resiliencia disponible porque no había elementos como ahora para decir, para denunciar.

Solo necesitamos que cambien la mirada, que nos vean con empatía, nos escuchen, nos contengan, no nos juzguen y nos quieran.

Gracias Sandra Votta por tu testimonio .

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