Un día cualquiera

No sé si hubo una señal.

El hombre alto y caballero de pelo oscuro la intimidó. A sus 94 años mantenía un gran porte, se vestía aún de jeans de una manera informal y moderna. Mirada calma, gestos protocolares, un tic de tocarse la oreja y mismo así logró hacerla sonreír.

La dama lo escuchó atentamente, se sorprendió, se emocionó, se mostró auténtica, se sintió ella misma.

El viento soplaba desde el noreste. Los tacos se hundían en el pasto húmedo.

De manos dadas caminaron a la par, fueron 10 pasos, los necesarios para demostrar ese sentir.

No sé si hubo una señal.

La dama sabe que no fue un día cualquiera. El caballero sabe qué la hizo sonreír.