La batalla de la Reina

  

Lunes 6 de Agosto 22:30 h

Tengo sueño y a la vez me siento movilizada. No esperaba que de este espacio de reflexión aflore una gran pregunta, no esperaba escuchar y reconocer emociones propias y ajenas. Mi presentación fue corta y concreta, ¿Acaso real?

Me siento motivada, impulsada a atravesar conscientemente los hilos más finos de mi historia, a reconocer mis enredos a través de la palabra, a aventurarme profundamente para poder pronunciar eso que tanto deseo y sentir como vibra mi cuerpo en cada descubrimiento.

Se acerca Frida, mi gata tricolor, la que se ve como leona cuando se mira al espejo. Cerramos los ojos, es hora de descansar.

Estoy sumergida a metros de la superficie, suspendida, sin movimiento alguno, mis ojos están cerrados y no siento el latido de mi corazón. Llevo meses o mas bien perdí la cuenta en esta posición. Estoy rendida, siento mucho frío, las cadenas que llevo en los pies me aprietan, la caparazón de acero me hace daño la piel, trato de pensar en cómo salir de aquí, no puedo ver, no sé si es de día o de noche.

Siguen pasando los años y mis músculos se van atrofiando. Hoy me convertí en una forma extraña, congelada, pesada, hay grietas que sangran, partes que se van desgarrando, necesito ayuda.

Alguien se acerca y murmura algo, tardo unos segundos en darme cuenta que me habla en ruso. Me pregunto porqué en ese idioma, ya no recuerdo ni mi nombre. Se acerca una y otra vez, levantando la voz, haciéndome señas, insiste.

Pasan los días hasta que logro entender la palabra completa. Ese alguien no deja de decirme “Pochemú”.

Un gran cardumen pasa por mi lado velozmente , hace que me mueva, algo me resuena, me grita fuerte, muevo mi cabeza y siento algo en la cara, ya no estoy congelada, salgo del agua con un impulso que viene de adentro de mi ser ,me empuja hacia la superficie.

Escucho tambores repiqueteando, veo soldados uniformados, me siento confusa, hay sonidos familiares que no logro reconocer, al menos no en este instante. Ahora estoy en otra dimensión.

Me pregunto dónde estoy, no entiendo nada. Me resuena la palabra que sigo escuchando en mis oídos en ruso, pero ¿ y los tambores? ¿ y este calor sofocante?, abro lentamente mis ojos y el bullicio resuena en todo mi interior, muchas voces, noto que lo que tengo en mi cara son papeles, veo un cielo celeste y blanco del mismo color que lo que tengo sobre mi cara.  Oid mortales, Oid mortales, escucho. Cada vez más alto Oid mortales, el grito sagrado ¡Libertad, libertad, libertad! Oid el ruido de rotas cadenas. Pienso en mis pies, los puedo mover. Sigo confundida, quién era esa voz, porqué estaba presa, doy una bocanada de aire a mis pulmones y siento que puedo respirar, con movimientos lentos trato de incorporarme, siento mucho calor y sed. 

Logro sentarme en esas baldosas duras abriendo los ojos de par en par, pasan niños correteando a mi lado gritando  ¡Somos libres! Me pregunto qué significa esa palabra. 

Y un montón de recuerdos se agolpan en mi mente, los veo pasar como viejas fotografías ya sin color, logro distinguirme entre algunas fotos casi irreconocible, con una mirada triste, un corazón partido y un gran peso en mi pecho. Siguen pasando las fotos y puedo visualizar cómo fue que rompí mis cadenas, busqué ayuda y salí a flote. Recorrí muchos kilómetros bajo aguas heladas de los mares del Norte.

Ya sé lo que significa esa palabra que resonó en mi camino. Pachemú significa porqué.

Estoy sentada hoy aquí en esta ciudad agitada con muchos temores e incertidumbres, despertando de ese tiempo de letargo y comenzando a sentir que ese camino tiene un Porqué.

No recuerdo que forma tenía, solo sé que el envión de este himno que escucho me hace accionar.

Morí y renací muchas veces, dicen que el amor es más fuerte. 

Me levanto lentamente decidida a dar pasos firmes pero tiemblo al pensar que será de mí y la angustia me envuelve nuevamente. Tengo miedo y eso me hace enojar, recuerdo que dijeron que todo iba a ser positivo, que iba a sanar rápido y me mintieron o me mentí -pienso, tal vez para mantener una imagen de alguien que quería ser o tener. 

Me siento débil pero voy dando pasitos tratando de salir de ese lugar de tanto ruido, veo a lo lejos una cortada y decido tomar otro camino. Pienso en el tiempo perdido por dar vueltas a un asunto que al no seguir mis instintos me enredé en la melancolía y en el dolor.

A veces la idea de equivocarse hace que uno no mueva las piezas del tablero pero acá estoy, se ve que lo puse patas arriba. Sigo caminando por esta ciudad, adentrándome por los canales más inhóspitos, reconociendo los torrentes que recorren cada sistema. 

El paisaje se confunde nuevamente, y vuelvo a escuchar la voz, esa misma que murmuraba pachemú. Vuelvo a cambiar mi forma y estoy confundida, ¿Ahora estoy dentro mío?, me pregunto . Escucho el latido más cerca, siento el peso de la columna en mi espalda, miro hacia arriba y veo dos extremidades y decido avanzar por ese lado, conocerme desde mi verdadero ser. Encuentro un cartel que dice EGO que me va mostrando cómo lucho para quedar bien, me veo domando un gran animal, una fiera salvaje que solo quiere llevarse mi valor.

Sigo adelante, y veo una foto de mis hijos y siento culpa por no poder ponerles límites, y mi cabeza estalla en una gran guerra, hoy hay pelea entre el SI  y el NO. Quedo en esta trama por mucho tiempo entre mis pensamientos de cómo quiero hacer las cosas y como se supone que hay que hacerlas. 

Una parte de mí muere y la otra sigue adelante alerta ante algún otro peligro inminente. Ahora puedo recordar quienes me acompañaron en ese largo viaje debajo del mar y quienes me dieron armaduras para ir mudando en cada caso. Ellos tienen tenazas, yo tengo la palabra.

Al fin y al cabo es siempre una guerra, vivimos en conflicto. Yo sigo avanzando porque me di cuenta que ahora soy autónoma, que a los enojos puedo enfrentarlos con silencio o tan solo contando hasta diez. Sé que hoy lo que decida no será cometer una infracción, y que esa culpa la puedo controlar bajando los excesos y las adicciones, me paro frente al estómago, a la tentación  y le ordeno que se achique porque aquí se produce la metamorfosis. ¡Yo creo mi ser! le grito a viva voz, ¡yo creo mi ser ¡ y como eco la frase se va repitiendo en cada órgano, en cada fibra de mi cuerpo.

Y voy aumentando de tamaño, hasta que me encuentro delante de un gran cristalino que refleja mi forma, y al fin puedo verme.

Y por primera vez le pregunto ¿Quién soy? El me observa, levanta su dedo y me señala.

Logro esbozar una sonrisa, y siento que todo el cuerpo aplaude ¿Por qué aplauden? -les pregunto. El cristalino sonríe y me dice que tome el camino hacia abajo a la izquierda. Allí encontrarás tu respuesta.

Pasaron muchos meses y este recorrido es muy sinuoso, lleno de espinas, caprichos, momentos de llanto y desilusión. Me siento como una oruga que nunca podrá volar.

A medida que me acerco el paisaje va cambiando, soy corajuda y tengo el propósito de poder pronunciar eso que tanto temen mis labios comunicar.

Decido sacarme el harapo que llevo puesto, buscar otro camino y enfrentarme nuevamente una y otra vez a descubrir ese tesoro que tan escondido se encuentra.

Voy cerrando ciclos firme y decidida, me aferro a mis ganas y a mi deseo, esta vez estoy sola pero de pie, ni suspendida ni en el fondo del mar. 

Veo fuego y acepto que me voy a quemar, que va a doler pero sin sufrimiento. Las llamas crecen rápidamente y necesito creer que voy hacerlo. Me pongo mi mejor traje, y descubro que detrás del fuego se encuentra el Corazón. Lo miro y él se encuentra en paz, con los brazos abiertos, se lo ve sereno. El me grita ¡P O C H E M Ú! nunca dejó de hacerlo era yo la que huía de sentir eso que se llama amor.

Al escuchar esa palabra descubrí y pude ver que lo que pensaba que era fuego era el gran resplandor que emitía el Corazón. Un resplandor vibrante y que brindaba calor, lo sentía poco a poco.

Lo que me quería decir ERA QUE PORQUÉ  tanta baja autoestima, tantos momentos de tristeza y soledad, el porqué de estar con mis tenazas enojadas, el porqué de mis miedos y mis culpas que el precio de mis excesos es esta búsqueda del AMOR.

Doy unos pasos más, y lo toco, lo palpo, huele a flores, le doy la mano, le doy la otra y así finalmente lo abrazo.

Emocionada y abrazada al corazón desperté hoy Lunes 10 de Diciembre. Lloro porque estoy movilizada, lloro de alegría por haber vivido estas experiencias. Me siento liviana, con menos peso encima, con mis pies listos para volar, con mi pecho distendido, con forma de humana sintiendo al fin que los conflictos estarán siempre.

Estoy en mi casa, fue un sueño real que fui construyendo semana a semana.

Aún resuenan en mi cabeza los tambores al sonido de Oid mortales, el grito sagrado, Libertad! 

Me siento en la cama y miro el espejo, me acerco lentamente, me señalo a mi misma y me digo con mi boca  -Buenos días Leona y a viva voz grito

¡TE QUIERO!, esta vez es real. 

Epílogo

Hoy finaliza el proceso más curioso, profundo, sincero y sanador que he elegido transitar. Inteligencia emocional es reconocer emociones propias y ajenas, regularlas y aplicarlas en beneficio de nuestro desarrollo personal. No será mi última batalla, ya no me importa llegar primera o en último lugar, soy exitosa porque trabajo en mi autoconocimiento y salgo de esta gran batalla coronando a esta Reina con más autoconfianza.

Las realidades las genera el observador de lo que ocurra. Sabremos lo que observamos y cómo podremos actuar si nombramos a lo que sentimos. Si vaciamos la mente para poder crear nuevas realidades. Ya lo decía Cristo…. Hay que morir para entrar en el reino. Es decir, vaciar la mente y ser creadores de la realidad. 

FIN-

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