El plato de porcelana China

2015

Acá me encuentro sentada en el piso de porcelanato gris rodeada de objetos. Miro alrededor, cuento más o menos cuantas cajas faltan por abrir. Resoplo.

El aire de Domingo se cuela por la ventana de la cocina como alentándome a que levante el culo y me ponga a trabajar. Ya vas por la mudanza número 12, – pienso.

Miro los objetos, los acomodo, pasan semanas y los vuelvo a reubicar. No se ven iguales, cargan historias, cargan emociones. Ellos no se observan iguales, yo tampoco.

Las mudanzas proponen cambios, no sólo de objetos por resituar.

2019

¿Se acuerdan de mi relato de las 123 cajas ?

Aún sigo con mi plato de cerámica comprado en el distrito de las Artes en Beijing. Lo tuve guardado por un año, estaba cansada de verlo, se ve que su historia aún me conmueve. Ayer volví a ponerlo en una mesa al lado de mi sofá, le di protagonismo.

Recuerdo que llegamos al distrito los cuatro ya cansados de tantos paseos. Era Junio de 2014. Al llegar, observar el lugar lleno de edificios viejos como fábricas sin uso, con múltiples accesos de calles coloridas con sus encantadores y artísticos grafitis, nos inyectamos de adrenalina. El color, la diversidad visual que nos otorgaba ese sitio, hizo magia en nuestros pies, y también por qué no , colocó una sonrisa a cada uno de nosotros.

Pasaron dos horas hasta que llegué a un galpón gigante y mi plato de la China como lo llamo yo, estaba en la mesa central del lugar y como si fuera amor a primera vista lo tomé en mis manos y me dirigí a la caja. Es de color gris claro con trazos más oscuros, ocres y una pincelada que dibuja el perfil de un pájaro atrapado en colorado. Sentí que iba a combinar con mi living que en ese momento estaba decorado con maderas nobles, marrones, rojos y naranjas. Con touch de cosas turcas como siempre. Sentí que ese pájaro era yo atrapada en esas huellas de colores queriendo aprender a volar. Lo cuidé en todo el viaje, feliz con mi plato redondo. Cruzamos a Japón, volvimos a Baku y hoy 12 de Mayo, después de atravesar tantos movimientos decido soltarlo.

Ayer se lo veía bonito, hoy, su historia ya no me conmueve. No armoniza con mi espacio actual. Hoy ese pájaro vuela, a su manera, como puede, sin embargo es libre. En mi presente actual, dejo ese espacio para algo nuevo y me pregunto ¿ cuál objeto contará una nueva historia en mi mesa de lado del sofá?

Estoy aprendiendo a distinguir si los objetos que tengo en mi casa cuentan una historia que hoy me abren posibilidades o no. Cuáles son aquellos estados de ánimo que me traen a mi cuerpo. Qué recuerdos quiero seguir teniendo o no.

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