La Lluvia

Tiene algo especial la lluvia.

Un tono melancólico pero a la vez, cada gota revitaliza, renueva.

Caminando bajo la lluvia ando, sintiendo que cada gota que absorbe mi piel despeja todos mis miedos, todas mis dudas.

La lluvia es erótica cuando la vemos mojar el cuerpo de la persona amada. Juega con la ropa ciñéndola a las curvas y recovecos del cuerpo que deseamos poseer, que deseamos tocar, que deseamos abrazar. Abrillanta los labios que invitan a ser besados. Nos cala de sensualidad incluso aunque no nos sintamos bellos.

Tiene algo especial la lluvia.

Quizá el gris de sus nubes o la languidez de su caída tengan que ver con esa tendencia a la melancolía.
Y sin embargo, cuánta vida albergan sus gotas. Cuánto de renovación, de revitalización en su esencia.
«Tiene que llover a cántaros», se escucha por allí. Esa lluvia como metáfora donde la invocamos para que se lleve nuestro dolor, para que borre nuestros errores, para que traiga lágrimas a nuestros ojos cuando se secan.

La lluvia acompaña cuando la escuchamos golpear los cristales del dormitorio. Nos mece e induce al sueño profundo .Y nos regala el aroma a tierra mojada, a pura vida, para que sepamos que nada acaba para siempre, que todo se transforma, que nada muere si ella está allí.
Qué tedio cuando nos obliga a cargar con paraguas o con capuchas, cuando paraliza nuestro tráfico, cuando mancha nuestro coche recién lavado, cuando nos obliga a encerrarnos en casa porque no deja de caer despótica y cruel. Así que nos volvemos niños una vez más y esperamos impacientes a que amaine, vigilando nerviosos desde las ventanas, esperando ansiosos para salir a jugar al jardín.

Lluvia como amenaza. Lluvia como esperanza. Y en el fondo, detrás de tanta literatura y de tanto simbolismo, la lluvia no es más que un fenómeno atmosférico que nos recuerda lo frágiles o poderosos que podemos llegar a ser.
Me detengo, miro al cielo, respiro hondo. Hoy es mi día. La lluvia cae sin parar, cierro el paraguas y cierro los ojos. La lluvia, lejos de molestarme me alienta a seguir mi paso, como si ella sola bastara para despejar de dudas mi camino que ahora empieza.

Autor: Historias Contadas por Mujeres

Mi nombre es Marina Salati. Soy oriunda de Córdoba, Argentina. Elegí estar en diferentes ciudades y países, hacer y deshacer valijas durante 20 años. Esto me permitió aprender diferentes idiomas (Portugués, Ruso, Inglés), conocer la esencia de distintos países a través de la gente y sus culturas. Conozco lo que implica expatriarse una y otra vez. Cada proceso de expatriación fue complejo, no sólo para mí sino para toda mi familia. ​ Mi proyecto Outlanders Life nace de mi deseo de ayudar a otras personas para que sus experiencias de transición de un país a otro sean fluidas. Disfruto colaborar en la gestión de las emociones que atraviesa el expatriado y su familia como así también en su proceso de inmersión cultural y social.

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