Cidade Maravilhosa

Viví varios años en Río de Janeiro, Brasil y después de tantos años, tantas ciudades recorridas, tantos viajes siento que es un lugar que puedo llamar como mi casa.

Llegué a Río recien casada, con 2 mts cúbicos de trastos y 4 valijas, era Noviembre y llovía a cántaros.

Tengo recuerdos mezclados de esos primeros días.

COMODORO RIVADAVIA, ARGENTINA

Volví del trabajo aquella tarde de mal humor , me cambié, me puse las calzas, me até el pelo con una cola de caballo y salí a correr por la playa en Rada Tilly. No me importó ese día el viento y la arena que pegaba en mis pantorrillas con cada zancada que daba. Sentía nostalgia y miedos, en realidad hoy puedo poner en palabras eso que sentía, en aquel momento no me preguntaba qué me pasaba.

Otra vez me encontré despidiendo a personas queridas en el trabajo y esa noche tocaba despedida con amigos. Esta decisión de irnos a vivir fuera del país sonaba excitante, era una ciudad donde hay mar y playas, donde el idioma no sonaba difícil, me movilizó ver desarmar la casa, y no sé porque vendí y regalé todos mis abrigos porque me iba a un lugar donde el verano se evidenciaba casi todos los días del año. Cerraba esa etapa, otra más . La propuesta era por dos años y no racionalice tanto las cosas, escuché la propuesta, dije vamos!, renuncié a mi trabajo, pasó un mes, armé valijas, reuniones de despedida y aeropuerto. Y así con la mezcla de alegría de la nueva aventura, poca toma de consciencia de lo que esto significaba y cómo impactaría en mi vida y mi primer vuelo en business aterrizamos en la cidade maravilhosa.

PRIMEROS DÍAS EN RÍO

Llegamos al Barrio de Flamengo donde vivimos por 3 meses mientras buscábamos departamento estable para instalarnos. Esos primeros meses pasaron como en cámara lenta. Yo no sabía mucho qué hacer, no conocía a nadie, deambulaba por el barrio, no sabía que existía una garota de Ipanema, ni tantos lugares conocidos. En esa época no tenía hijos, me pasaba el día haciendo gimnasia, con clases de portugués y metida en el nido como digo yo. Con mi marido en ese momento salíamos poco. Fuimos conociendo algunos lugares como el Cristo Redentor y el Pan de Azúcar.

Hoy siento que yo estaba abrumada. Me había mudado con mi familia de Córdoba a Río Ceballos , luego me mudé sola al centro de Córdoba, específicamente a la Cañada y de ahí a seguir la corazonada del amor. Dejé mi trabajo, mi departamento, mis estudios y me fui a Rada Tilly. Muchas mudanzas en varios aspectos.

Pasaban los días y esa primera sensación de no saber si estás de vacaciones o si estás porque vives en ese lugar apareció. Recuerdo que miré más de 35 departamentos hasta decidir por uno en el barrio de Leblon.

Hoy recordando esto sonrío porque claro! cómo me iba a buscar un departamento si no conocía ni la cultura de Brasil, los barrios, el preguntarse todo el tiempo dónde es mejor vivir … ¿ En un barrio? ¿ En las afueras de la ciudad? ¿Dónde es mejor ? Es una etapa de mucha incertidumbre, de reaprender todo de nuevo; recorridos, nuevos supermercados, nuevas calles, nuevos rostros, otro idioma. No tenía un apoyo emocional y fue allí donde comencé hacer terapia y fue de gran ayuda. Finalmente elegimos un piso enorme con un pasillo larguísimo. Les recuerdo que eramos solo 2 personas, no era tan funcional pero era casi en la playa y eso fue lo que priorice.

Yo me quedaba sola en el día porque no trabajaba y me ocupe de armar la casa, fui conociendo otras Argentinas que vivían en el lugar y de a poco me fui animando a conocer más la ciudad, a salir a pasear y ya con un portugués más fluido podía comunicarme mejor.

Había días que parecían días de vacaciones, alegres y felices y otros me bajoneaba y extrañaba a la familia y amigos y no saber dónde estoy y qué hago acá me preguntaba bastante al principio.

Fue fundamental el grupo de latinas que conocí, después de un tiempo largo supe que eran “expatriadas”, y que esa palabra me acompañaría después varios años. Era un grupo variado de nacionalidades, edades, culturas, a medida que pasaban los meses iba conociendo también gente local, brasileños de Río y otras partes y pude comenzar a entender su cultura, el día a día de cómo es vivir en esa ciudad, en este país. Comenzamos a organizar con este grupo de mujeres almuerzos para conocernos más, el grupo se llamó MALM (Miércoles almuerzan las mujeres), organicé al tiempo agenda y actividades y fue una época espectacular.

RIO

Pasó el primer año y fue cuando comencé a sentirme mejor y más habituada a la rutina diaria. Ser expat en Río no es estar tumbada en la arena todo el día bebiendo coco helado.

Es llegar y saber que aunque Río parezca la capital del país, es solo la punta del iceberg de lo que Brasil tiene para ofrecer.

Muchas personas creen saber cómo es un brasileño “típico”. Después de vivir allí, aprendes que esto es simplemente un concepto erróneo y que el país es muy diverso desde el punto de vista étnico. La influencia de la ascendencia europea, japonesa, indígena y africana crea un verdadero crisol de culturas y características físicas, y el aspecto de las personas varía mucho en todo Brasil.

Las personas son descontracturadas, “descontraídas ” término en portugués que yo uso frecuentemente. Uno se siente libre realmente y no hay una mirada del otro crítica.

Brasil está ligado al estereotipo de que cuando no está luchando contra las olas de violencia y crimen, todo se trata de bailar samba y festejar. Es innegable que el país tiene altos niveles de criminalidad, pero los lugares turísticos tienden a ser muy seguros y la mayoría de las personas hacen su vida cotidiana sin encontrar ningún problema. Escuchaba que había robos, y fui aconsejada sacarme las joyas, bijou de plata u oro. Al tiempo, en mi experiencia vi que no hacía falta.

Es como en cualquier otro pais de Latinoamerica, hay que cuidarse pero nada en extremo.

Mezclar frijoles y arroz lleva un tiempo para acostumbrarse, yo confieso que no aprendí a cocinar lo típico. Pero después de vivir en Brasil, es difícil imaginar que se pueda reemplazar esta combinación con algo más. Comer farofa, la harina de mandioca frita que ocasionalmente se mezcla con bacon y huevo o la amás o la odias.

Brasil es maravilloso; su burocracia no tanto. Cosas como los visados, la compra de propiedades o el inicio de un negocio requieren montañas de papeleo que tiene que pasar por un laberinto de procesos. A veces, dio ganas de gritar, de abandonar el país literal, de darme por vencida pero sirve como buena lección de que algunas cosas están fuera de control, de que uno está en otro país y que tiene sus formas, sus tiempos y hay que aceptarlo. De que la Argentinidad al palo allá no va. Es complicado y hay que ejercitar la paciencia.

Los brasileños son personas emocionales, y no se lo piensan dos veces antes de decirle a alguien cómo se siente. Muchos hablan abiertamente de situaciones en las que se sientan estresados o enojados, algo que las personas de otras culturas y orígenes pueden estar más inclinadas a reprimir y que en mi experiencia como expat pude comprobar. Si a un brasileño le gustas o te quiere, lo vas a saber. Tienden a dejarse sentir lo que sienten, en lugar de ocultarlo. También tienden a buscar lo positivo en cualquier situación mala. Es una lección que me dejó el vivir acá, cambia la vida cuando estas características comienzan a contagiarte.

Después de vivir en un clima tropical, y tener constantemente dias de sol aprendí ese tiempo a disfrutar del aire libre cosa que hoy por ejemplo perdí la costumbre. Es difícil volver a un clima frío y lluvioso después de que uno aprende a vestirse de verano todo el año, a cuidarse del sol también, a las actividades fuera de la casa y a lo bien que se siente estar en el sol la mayor parte del tiempo.

Es típico del carioca , como se llama a la persona que es nativa de Río, verlos volver de sus trabajos, ponerse la sunga o el traje de baño y salir así desde sus casas directo a la playa.

Los brasileños tienden a ser acogedores y abiertos a los extraños, y son de comenzar largas charlas. Para las personas que van de países donde esto es menos común, ver esta interacción entre extraños es revelador realmente. Río es una ciudad donde conviven muchos extranjeros y personas locales y este intercambio, la soltura en la comunicación se ve en todo momento. Las muestras de afecto en la vía pública, plazas, metro son muy comunes, al principio me llamó la atención pero después pasó a ser algo cotidiano de observar.

Es común ver regiones ricas en Brasil junto a zonas más pobres y el contraste entre ellas es evidente, como la gran favela la Rocinha, sin embargo, aporta una nueva perspectiva sobre la complejidad de otras formas de vida, sobre diversidad. Esto es otra cosa que me llamó la atención, generalmente uno sabe el nombre de pila de la persona en Rio y no su apellido. La playa es el mejor ejemplo de cómo las personas se amalgaman más allá de si son famosas, de alta clase social o de la favela, es bien democrático y se vive con naturalidad, respeto y alegría.

Mi experiencia en Río fue maravillosa y le sumo a esto el nacimiento de mis dos hijos en ese país. Donde la elección del médico fue fundamental y la calidad y calidez recibida fue extraordinaria.

Comencé en Río mi verdadera transformación, sin estar consciente de esto realmente, aprendiendo a mirar el mundo desde otro lugar, a convivir con gente diferente y fuera de mi entorno, a salir de la zona de confort, a formar una familia, a empezar a sentir y experimentar qué pasa cuando atravesamos tantas emociones juntas como lo es una mudanza, dejar toda una estructura de vida para comenzar otra en otro espacio físico y rodeada de nuevos desafios diarios.

Hasta la próxima.

Marina

La Lluvia

Tiene algo especial la lluvia.

Un tono melancólico pero a la vez, cada gota revitaliza, renueva.

Caminando bajo la lluvia ando, sintiendo que cada gota que absorbe mi piel despeja todos mis miedos, todas mis dudas.

La lluvia es erótica cuando la vemos mojar el cuerpo de la persona amada. Juega con la ropa ciñéndola a las curvas y recovecos del cuerpo que deseamos poseer, que deseamos tocar, que deseamos abrazar. Abrillanta los labios que invitan a ser besados. Nos cala de sensualidad incluso aunque no nos sintamos bellos.

Tiene algo especial la lluvia.

Quizá el gris de sus nubes o la languidez de su caída tengan que ver con esa tendencia a la melancolía.
Y sin embargo, cuánta vida albergan sus gotas. Cuánto de renovación, de revitalización en su esencia.
«Tiene que llover a cántaros», se escucha por allí. Esa lluvia como metáfora donde la invocamos para que se lleve nuestro dolor, para que borre nuestros errores, para que traiga lágrimas a nuestros ojos cuando se secan.

La lluvia acompaña cuando la escuchamos golpear los cristales del dormitorio. Nos mece e induce al sueño profundo .Y nos regala el aroma a tierra mojada, a pura vida, para que sepamos que nada acaba para siempre, que todo se transforma, que nada muere si ella está allí.
Qué tedio cuando nos obliga a cargar con paraguas o con capuchas, cuando paraliza nuestro tráfico, cuando mancha nuestro coche recién lavado, cuando nos obliga a encerrarnos en casa porque no deja de caer despótica y cruel. Así que nos volvemos niños una vez más y esperamos impacientes a que amaine, vigilando nerviosos desde las ventanas, esperando ansiosos para salir a jugar al jardín.

Lluvia como amenaza. Lluvia como esperanza. Y en el fondo, detrás de tanta literatura y de tanto simbolismo, la lluvia no es más que un fenómeno atmosférico que nos recuerda lo frágiles o poderosos que podemos llegar a ser.
Me detengo, miro al cielo, respiro hondo. Hoy es mi día. La lluvia cae sin parar, cierro el paraguas y cierro los ojos. La lluvia, lejos de molestarme me alienta a seguir mi paso, como si ella sola bastara para despejar de dudas mi camino que ahora empieza.

El plato de porcelana China

2015

Acá me encuentro sentada en el piso de porcelanato gris rodeada de objetos. Miro alrededor, cuento más o menos cuantas cajas faltan por abrir. Resoplo.

El aire de Domingo se cuela por la ventana de la cocina como alentándome a que levante el culo y me ponga a trabajar. Ya vas por la mudanza número 12, – pienso.

Miro los objetos, los acomodo, pasan semanas y los vuelvo a reubicar. No se ven iguales, cargan historias, cargan emociones. Ellos no se observan iguales, yo tampoco.

Las mudanzas proponen cambios, no sólo de objetos por resituar.

2019

¿Se acuerdan de mi relato de las 123 cajas ?

Aún sigo con mi plato de cerámica comprado en el distrito de las Artes en Beijing. Lo tuve guardado por un año, estaba cansada de verlo, se ve que su historia aún me conmueve. Ayer volví a ponerlo en una mesa al lado de mi sofá, le di protagonismo.

Recuerdo que llegamos al distrito los cuatro ya cansados de tantos paseos. Era Junio de 2014. Al llegar, observar el lugar lleno de edificios viejos como fábricas sin uso, con múltiples accesos de calles coloridas con sus encantadores y artísticos grafitis, nos inyectamos de adrenalina. El color, la diversidad visual que nos otorgaba ese sitio, hizo magia en nuestros pies, y también por qué no , colocó una sonrisa a cada uno de nosotros.

Pasaron dos horas hasta que llegué a un galpón gigante y mi plato de la China como lo llamo yo, estaba en la mesa central del lugar y como si fuera amor a primera vista lo tomé en mis manos y me dirigí a la caja. Es de color gris claro con trazos más oscuros, ocres y una pincelada que dibuja el perfil de un pájaro atrapado en colorado. Sentí que iba a combinar con mi living que en ese momento estaba decorado con maderas nobles, marrones, rojos y naranjas. Con touch de cosas turcas como siempre. Sentí que ese pájaro era yo atrapada en esas huellas de colores queriendo aprender a volar. Lo cuidé en todo el viaje, feliz con mi plato redondo. Cruzamos a Japón, volvimos a Baku y hoy 12 de Mayo, después de atravesar tantos movimientos decido soltarlo.

Ayer se lo veía bonito, hoy, su historia ya no me conmueve. No armoniza con mi espacio actual. Hoy ese pájaro vuela, a su manera, como puede, sin embargo es libre. En mi presente actual, dejo ese espacio para algo nuevo y me pregunto ¿ cuál objeto contará una nueva historia en mi mesa de lado del sofá?

Estoy aprendiendo a distinguir si los objetos que tengo en mi casa cuentan una historia que hoy me abren posibilidades o no. Cuáles son aquellos estados de ánimo que me traen a mi cuerpo. Qué recuerdos quiero seguir teniendo o no.

¿ Qué vemos?

Siento que todo es interpretación. Siento que soy demasiado frontal. Siento que muchas amistades que he hecho en el pasado me han enseñado muchísimo, ni ellas saben cuánto.

Creo que es difícil entender que de esa amistad fantástica que creímos para siempre, solo queda el recuerdo, más cuando compartimos momentos intensos: risas, aventuras, experiencias, cambios, proyectos, primeras veces… Y, sin embargo, para mí, es más doloroso mantener amistades más por costumbre, que por verdadero cariño.

No queremos aceptarlo, pero los intereses cambian, avanzamos y evolucionamos. Y aquello que nos unió durante un tiempo con algunas personas, un día ya no nos representa. O bien hay algo que nos une pero diferente.

Siempre que hablo de esto lo relaciono con la gente que nunca se mudaría de un lugar ni a la esquina con aquella que ve, aún con miedos, tantísimas posibilidades que hay en nuevas oportunidades. Con la amistad me pasa lo mismo, hay personas más flexibles y otras donde debes ser de una determinada manera.

Los caminos de la vida

Y el que los caminos comiencen a separarse tampoco está mal: Tenemos personas que fueron nuestras compañeras de vida, nos acompañamos durante etapas importantes, valiosísimas, donde nos apoyamos mutuamente, nos “salvamos” de muchas formas, y ahora, en cierto sentido, ya no nos “necesitamos” más.

Creo que es lindo (e importante) valorar esos momentos, atesorarlos, pero no aferrarse a ellos. Lo único que se consigue es darse un golpe contra la pared de la realidad. Algo típico cuando te das cuenta de que las relaciones de amistad (así como cualquier otra, pues) no pueden forzarse.

Las que han estado y estarán

Al mismo tiempo, otras personas llegan a nuestra vida y nuevas amistades se van forjando. No estoy diciendo que todas esas amistades de pañales deben quedarse atrás. No todo está perdido, ni es azote total: Siempre nos quedan esas amigas y amigos con quienes no importa cuánto tiempo pase. Un día mandas un mensaje, haces una llamada, lanzas un grito desesperado y hay una respuesta. No importa lo que haya pasado ni el porqué de la ausencia, hay una respuesta.

Todas tenemos alguna o varias amigas con quienes nos ocurre así. Pasan años, pero un buen día te decides, vences la timidez/temor, llamas, y entonces, gracias a la respuesta del otro lado del teléfono, tienes la sensación de que el tiempo no ha transcurrido.

Qué maravilla sentir que podemos retomar la conversación como si nada, ponernos al día, compartir viejos chismes, pero también y, sobre todo, reconocernos como las personas que somos hoy. Valorar nuestros intereses actuales y nuevas experiencias, identificar qué nos puede unir ahora y qué de nuestro pasado ya no hace falta para una amistad que se forja nuevamente.

Y son esas amistades que se transforman, que se aceptan, que se adaptan y que se apoyan, sin importar lo antiguas o recientes que son, las que para mí, verdaderamente valen la pena.

Y últimamente siento que mis conexiones de uno a uno son las que me hacen crecer ¿Y esto está mal?

Justamente es lo que muchas me han enseñado, lo importante que es que yo me cuide, que yo me enamore de mi persona, que me priorice, que crezca aprendiendo siempre, que accione a mi favor . Son las amistades que más valoro. A veces estas amistades siguen con la misma fortaleza pero vamos mudando las circunstancias y espacios donde compartimos. Con esto me refería a las interpretaciones que hablé en la primera línea de este breve texto, yo pregunto ¿ es bueno , malo, positivo o negativo?

Con respecto a qué o a quién te digo yo.

Reflexiones en una mañana de verano. Estoy en la plaza Placeres, esa que yo me inventé para estar mas cerca de mi abuela. Sí, le cambié el nombre a esta plaza. Escucho You Learn de Alanis Morissette.


Ilusiones del alma

“Algunas veces dar a alguien una segunda oportunidad es como entregarle una bala extra porque falló la primera vez”. Anónimo……………………………………………………………………………………………………………

Nuevo Slogan

KISS

Keep it Short & Simple



Intensa le dijo el terapeuta.
Ella lo observó con sus ojos fijamente.
Necesitas trabajar en eso, dijo la doctora.
Ella lo sabe, escribe con fibra roja la palabra CALLATE!
Intensa y loca, calma y profunda.
Así está ella, como el vaivén de las olas.