La batalla de la Reina

  

Lunes 6 de Agosto 22:30 h

Tengo sueño y a la vez me siento movilizada. No esperaba que de este espacio de reflexión aflore una gran pregunta, no esperaba escuchar y reconocer emociones propias y ajenas. Mi presentación fue corta y concreta, ¿Acaso real?

Me siento motivada, impulsada a atravesar conscientemente los hilos más finos de mi historia, a reconocer mis enredos a través de la palabra, a aventurarme profundamente para poder pronunciar eso que tanto deseo y sentir como vibra mi cuerpo en cada descubrimiento.

Se acerca Frida, mi gata tricolor, la que se ve como leona cuando se mira al espejo. Cerramos los ojos, es hora de descansar.

Estoy sumergida a metros de la superficie, suspendida, sin movimiento alguno, mis ojos están cerrados y no siento el latido de mi corazón. Llevo meses o mas bien perdí la cuenta en esta posición. Estoy rendida, siento mucho frío, las cadenas que llevo en los pies me aprietan, la caparazón de acero me hace daño la piel, trato de pensar en cómo salir de aquí, no puedo ver, no sé si es de día o de noche.

Siguen pasando los años y mis músculos se van atrofiando. Hoy me convertí en una forma extraña, congelada, pesada, hay grietas que sangran, partes que se van desgarrando, necesito ayuda.

Alguien se acerca y murmura algo, tardo unos segundos en darme cuenta que me habla en ruso. Me pregunto porqué en ese idioma, ya no recuerdo ni mi nombre. Se acerca una y otra vez, levantando la voz, haciéndome señas, insiste.

Pasan los días hasta que logro entender la palabra completa. Ese alguien no deja de decirme “Pochemú”.

Un gran cardumen pasa por mi lado velozmente , hace que me mueva, algo me resuena, me grita fuerte, muevo mi cabeza y siento algo en la cara, ya no estoy congelada, salgo del agua con un impulso que viene de adentro de mi ser ,me empuja hacia la superficie.

Escucho tambores repiqueteando, veo soldados uniformados, me siento confusa, hay sonidos familiares que no logro reconocer, al menos no en este instante. Ahora estoy en otra dimensión.

Me pregunto dónde estoy, no entiendo nada. Me resuena la palabra que sigo escuchando en mis oídos en ruso, pero ¿ y los tambores? ¿ y este calor sofocante?, abro lentamente mis ojos y el bullicio resuena en todo mi interior, muchas voces, noto que lo que tengo en mi cara son papeles, veo un cielo celeste y blanco del mismo color que lo que tengo sobre mi cara.  Oid mortales, Oid mortales, escucho. Cada vez más alto Oid mortales, el grito sagrado ¡Libertad, libertad, libertad! Oid el ruido de rotas cadenas. Pienso en mis pies, los puedo mover. Sigo confundida, quién era esa voz, porqué estaba presa, doy una bocanada de aire a mis pulmones y siento que puedo respirar, con movimientos lentos trato de incorporarme, siento mucho calor y sed. 

Logro sentarme en esas baldosas duras abriendo los ojos de par en par, pasan niños correteando a mi lado gritando  ¡Somos libres! Me pregunto qué significa esa palabra. 

Y un montón de recuerdos se agolpan en mi mente, los veo pasar como viejas fotografías ya sin color, logro distinguirme entre algunas fotos casi irreconocible, con una mirada triste, un corazón partido y un gran peso en mi pecho. Siguen pasando las fotos y puedo visualizar cómo fue que rompí mis cadenas, busqué ayuda y salí a flote. Recorrí muchos kilómetros bajo aguas heladas de los mares del Norte.

Ya sé lo que significa esa palabra que resonó en mi camino. Pachemú significa porqué.

Estoy sentada hoy aquí en esta ciudad agitada con muchos temores e incertidumbres, despertando de ese tiempo de letargo y comenzando a sentir que ese camino tiene un Porqué.

No recuerdo que forma tenía, solo sé que el envión de este himno que escucho me hace accionar.

Morí y renací muchas veces, dicen que el amor es más fuerte. 

Me levanto lentamente decidida a dar pasos firmes pero tiemblo al pensar que será de mí y la angustia me envuelve nuevamente. Tengo miedo y eso me hace enojar, recuerdo que dijeron que todo iba a ser positivo, que iba a sanar rápido y me mintieron o me mentí -pienso, tal vez para mantener una imagen de alguien que quería ser o tener. 

Me siento débil pero voy dando pasitos tratando de salir de ese lugar de tanto ruido, veo a lo lejos una cortada y decido tomar otro camino. Pienso en el tiempo perdido por dar vueltas a un asunto que al no seguir mis instintos me enredé en la melancolía y en el dolor.

A veces la idea de equivocarse hace que uno no mueva las piezas del tablero pero acá estoy, se ve que lo puse patas arriba. Sigo caminando por esta ciudad, adentrándome por los canales más inhóspitos, reconociendo los torrentes que recorren cada sistema. 

El paisaje se confunde nuevamente, y vuelvo a escuchar la voz, esa misma que murmuraba pachemú. Vuelvo a cambiar mi forma y estoy confundida, ¿Ahora estoy dentro mío?, me pregunto . Escucho el latido más cerca, siento el peso de la columna en mi espalda, miro hacia arriba y veo dos extremidades y decido avanzar por ese lado, conocerme desde mi verdadero ser. Encuentro un cartel que dice EGO que me va mostrando cómo lucho para quedar bien, me veo domando un gran animal, una fiera salvaje que solo quiere llevarse mi valor.

Sigo adelante, y veo una foto de mis hijos y siento culpa por no poder ponerles límites, y mi cabeza estalla en una gran guerra, hoy hay pelea entre el SI  y el NO. Quedo en esta trama por mucho tiempo entre mis pensamientos de cómo quiero hacer las cosas y como se supone que hay que hacerlas. 

Una parte de mí muere y la otra sigue adelante alerta ante algún otro peligro inminente. Ahora puedo recordar quienes me acompañaron en ese largo viaje debajo del mar y quienes me dieron armaduras para ir mudando en cada caso. Ellos tienen tenazas, yo tengo la palabra.

Al fin y al cabo es siempre una guerra, vivimos en conflicto. Yo sigo avanzando porque me di cuenta que ahora soy autónoma, que a los enojos puedo enfrentarlos con silencio o tan solo contando hasta diez. Sé que hoy lo que decida no será cometer una infracción, y que esa culpa la puedo controlar bajando los excesos y las adicciones, me paro frente al estómago, a la tentación  y le ordeno que se achique porque aquí se produce la metamorfosis. ¡Yo creo mi ser! le grito a viva voz, ¡yo creo mi ser ¡ y como eco la frase se va repitiendo en cada órgano, en cada fibra de mi cuerpo.

Y voy aumentando de tamaño, hasta que me encuentro delante de un gran cristalino que refleja mi forma, y al fin puedo verme.

Y por primera vez le pregunto ¿Quién soy? El me observa, levanta su dedo y me señala.

Logro esbozar una sonrisa, y siento que todo el cuerpo aplaude ¿Por qué aplauden? -les pregunto. El cristalino sonríe y me dice que tome el camino hacia abajo a la izquierda. Allí encontrarás tu respuesta.

Pasaron muchos meses y este recorrido es muy sinuoso, lleno de espinas, caprichos, momentos de llanto y desilusión. Me siento como una oruga que nunca podrá volar.

A medida que me acerco el paisaje va cambiando, soy corajuda y tengo el propósito de poder pronunciar eso que tanto temen mis labios comunicar.

Decido sacarme el harapo que llevo puesto, buscar otro camino y enfrentarme nuevamente una y otra vez a descubrir ese tesoro que tan escondido se encuentra.

Voy cerrando ciclos firme y decidida, me aferro a mis ganas y a mi deseo, esta vez estoy sola pero de pie, ni suspendida ni en el fondo del mar. 

Veo fuego y acepto que me voy a quemar, que va a doler pero sin sufrimiento. Las llamas crecen rápidamente y necesito creer que voy hacerlo. Me pongo mi mejor traje, y descubro que detrás del fuego se encuentra el Corazón. Lo miro y él se encuentra en paz, con los brazos abiertos, se lo ve sereno. El me grita ¡P O C H E M Ú! nunca dejó de hacerlo era yo la que huía de sentir eso que se llama amor.

Al escuchar esa palabra descubrí y pude ver que lo que pensaba que era fuego era el gran resplandor que emitía el Corazón. Un resplandor vibrante y que brindaba calor, lo sentía poco a poco.

Lo que me quería decir ERA QUE PORQUÉ  tanta baja autoestima, tantos momentos de tristeza y soledad, el porqué de estar con mis tenazas enojadas, el porqué de mis miedos y mis culpas que el precio de mis excesos es esta búsqueda del AMOR.

Doy unos pasos más, y lo toco, lo palpo, huele a flores, le doy la mano, le doy la otra y así finalmente lo abrazo.

Emocionada y abrazada al corazón desperté hoy Lunes 10 de Diciembre. Lloro porque estoy movilizada, lloro de alegría por haber vivido estas experiencias. Me siento liviana, con menos peso encima, con mis pies listos para volar, con mi pecho distendido, con forma de humana sintiendo al fin que los conflictos estarán siempre.

Estoy en mi casa, fue un sueño real que fui construyendo semana a semana.

Aún resuenan en mi cabeza los tambores al sonido de Oid mortales, el grito sagrado, Libertad! 

Me siento en la cama y miro el espejo, me acerco lentamente, me señalo a mi misma y me digo con mi boca  -Buenos días Leona y a viva voz grito

¡TE QUIERO!, esta vez es real. 

Epílogo

Hoy finaliza el proceso más curioso, profundo, sincero y sanador que he elegido transitar. Inteligencia emocional es reconocer emociones propias y ajenas, regularlas y aplicarlas en beneficio de nuestro desarrollo personal. No será mi última batalla, ya no me importa llegar primera o en último lugar, soy exitosa porque trabajo en mi autoconocimiento y salgo de esta gran batalla coronando a esta Reina con más autoconfianza.

Las realidades las genera el observador de lo que ocurra. Sabremos lo que observamos y cómo podremos actuar si nombramos a lo que sentimos. Si vaciamos la mente para poder crear nuevas realidades. Ya lo decía Cristo…. Hay que morir para entrar en el reino. Es decir, vaciar la mente y ser creadores de la realidad. 

FIN-

Un día cualquiera

No sé si hubo una señal.

El hombre alto y caballero de pelo oscuro la intimidó. A sus 94 años mantenía un gran porte, se vestía aún de jeans de una manera informal y moderna. Mirada calma, gestos protocolares, un tic de tocarse la oreja y mismo así logró hacerla sonreír.

La dama lo escuchó atentamente, se sorprendió, se emocionó, se mostró auténtica, se sintió ella misma.

El viento soplaba desde el noreste. Los tacos se hundían en el pasto húmedo.

De manos dadas caminaron a la par, fueron 10 pasos, los necesarios para demostrar ese sentir.

No sé si hubo una señal.

La dama sabe que no fue un día cualquiera. El caballero sabe qué la hizo sonreír.

El día (en) que todo empezó ©by mabm

TEJIENDO LAS PALABRAS

albert soloviev Imagen de Albert Soloviev

El día (en) que todo empezó, las musas se fueron de putas. La tinta se secó en el tintero y a la pluma se la llevó de un plumazo una corriente de aire que se coló por la ventana que, a cosa hecha, dejé entreabierta para que pudieran volver a entrar sin llamar.

Pero como las golondrinas de blanco plumaje y las abiertas madreselvas de Bécquer, estas no volverán. Quizás sea que los poetas, como el amor, han pasado de moda, y la poesía caído en desuso.

El día (en) que todo empezó, fue el principio del fin…

Enero 2019

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Domingo 6 de Enero

Primer Domingo del año 2019, estoy con la mente en blanco para escribir, sin embargo, mentalmente estuve haciendo diálogos e imaginándome historias. Hasta hablo sola repitiendo alguna frase, mis hijos no están, pero se ríen cuando hablo sola relatando una historia, ellos se miran, ya me conocen.

Fue un año tan movilizante, tan activo, tan productivo hasta el último día, muy intenso y positivo. Ojo,  estoy muy feliz, por eso que en la noche del 31 escribí las cosas o situaciones por las que estaba agradecida.

Aunque esta primera semana parece como en cámara lenta, algunas tareas ya fueron realizadas, mis proyectos presentes, algunos procesos comienzan semana próxima, y yo me siento desenchufada, poco inspirada y ni el café me energiza. ¿Acaso el cansancio corporal se manifestó? Necesitaba parar de hacer, de pensar, leí, estudio, hablo con mi gata Frida, mi compañera. Casi no salgo de casa, paso por momentos de aburrimiento total, duermo, hago gym, vuelvo a mi casa, abro la computadora, página en blanco, el cursor titila y yo sigo de largo.

Cumplí 3 años y medio viviendo aquí, logré avanzar y asentarnos como familia. Es una elección que tiene sus costos. Es una bella ciudad que se encuentra tan llena de gente pero se siente muy vacía ya que mi historia en este lugar recién estoy pudiendo contarla. No tiene pasado, no tiene familia, pocas amistades que valen la alegría de tenerlas, es sólo el presente, el día a día que voy construyendo para encastrar nuevamente en esta sociedad, en este idioma, en este barrio, en este país.

Estoy enfocada en mi objetivo principal de este año. Hoy es momento de STOP, dejar que mi cuerpo y mi mente vuelen, disfrutar las vacaciones que todo lo demás tendrá su momento ya en la agenda.

Hoy dejé mis zapatos en el balcón, no hubo regalos, luego recordé que los Reyes no existen. Dejó de llover, una brisa leve se cuela en donde estoy sentada. Se escucha los Red Hot Chili Peppers, Californication.


La Lluvia

Tiene algo especial la lluvia.

Un tono melancólico pero a la vez cada gota revitaliza, renueva.

Caminando bajo la lluvia estoy, sintiendo que cada gota que absorbe mi piel despeja todos mis miedos, todas mis dudas y a la vez nos regala siluetas surcadas por el agua que dan ganas de abrazar, de poseer.

No Es No

Testimonio de una amiga

#miracomonosponemos #abuso

#miracomonosponemos

A todos mis amigos y amigas:

Me atrevo a escribir esto porque es evidente que hay cosas que todavía como sociedad nos cuesta asimilar. Voy a abrir este cajón y voy a sacar mi historia y pedirle así a mis amigas, compañeras, colegas y conocidas que empecemos a mirar con otros ojos esta realidad que ya nos tapa el cuello y que nos animemos a contar. Les pido por favor que ayudemos a visualizar esto, que mostremos que no sólo les pasa a las actrices, sino que es algo que viene pasando desde siempre en las familias, en las escuelas y en lugares de trabajo y que tantos años de silencio solo ayudaron a naturalizar algo que es una aberración.

A los 13 años comencé a viajar en el 122 desde Lugano a Flores para ir al colegio. No puedo contabilizar las veces que me tocaron el culo a las 7 de la mañana. No me rozaban, me metían la mano. La primera vez lloré en silencio, no sabía que tenía que hacer, hacía poco que viajaba sola y no sabía si estaba bien o no decir algo. Una vez, iba con mi madre y la tocaron a ella. Mi vieja, pobre, lo enfrentó y le gritó adelante de todo el mundo y el muy descarado le espetó “callate que te gusta”. A partir de ese ejemplo, me hice valiente y comencé a gritarles cuando me tocaban. Conviví con eso durante toda la secundaria. Cuando culminé mis estudios, nunca más me subí a un colectivo, razón por la que hasta el día de hoy me cargan todos mis amigos.”Tenes el culo de oro”, suelen decirme. “No, simplemente me lo gastaron”. Ya en quinto año, fuimos varias chicas a un baile en Gimnasia y Esgrima de Villa del Parque y nos tocaron tanto el culo que nos teníamos que sentar porque no se podía bailar ni esperar a que te inviten a la pista en un lugar seguro.

Nunca le tuve miedo a los hombres, tal vez por haber tenido experiencias desagradables desde muy chica.

En el 90 trabajaba en una radio muy importante. Sus dueños eran dos señores muy reconocidos profesionalmente. Uno de ellos, tenía la costumbre de acosar mujeres. En una oportunidad la víctima era la recepcionista de la radio, cuyo nombre no recuerdo. Se negaba todo el tiempo a sus reiteradas insinuaciones en las que le prometía que si salía con el tendría un ascenso asegurado. Ella ya no podía más y fue a la fiesta de fin de año de la radio acompañada por su novio. La fiesta fue un viernes. El lunes la despidió. Toda la radio lo sabía. En un oportunidad, este señor me llamó a su despacho. Subí y cuando entré cerró con llave y me arrinconó contra la puerta y se me tiró encima directo al cuello. Grité y lo empujé, abrí la puerta y bajé temblando, descompuesta. Mi jefe, que seguro va a leer esto, me contuvo y a partir de ese momento fue quien me cuidó. Mi miedo era que me echara pero no lo hizo, tal vez porque no lo provoqué mostrándole un novio, yo en ese momento estaba sola. A partir de ese día, cuando el susodicho llegaba a las seis de la tarde, el señor de seguridad me avisaba y mientras él subía por el ascensor, yo bajaba corriendo por las escaleras y me quedaba en un bar de la vuelta, el viejo Pink Gin, hasta que mi jefe me traía el tapado y la cartera. Estuve así unos meses hasta que conseguí trabajo en otra radio muy importante.

En 1994, una de las estrellas de la radio del momento, me volvía loca para ir a tomar un café con el. Me mandaba siempre mensajes a través de una persona que era su alcahuete y no me dejaba en paz.Hasta que un día lo encontré en el café al lado de la radio y le dije de manera muy educada que no me gustaba lo que hacía, que él era lo suficientemente importante y talentoso como para comportarse así y a partir de ese momento nunca más me molestó. Varias veces lo crucé en otros medios y nos tratamos siempre con mucho respeto. Igualmente sé que le están cocinando varias denuncias.

Luego, comencé a trabajar en el Estado y si bien no me acosaron sexualmente conocí el mobbing y el maltrato por cuestiones políticas hasta que me despidieron pero también debo decir que hasta la llegada de La Cámpora tuve la suerte de tener jefes y compañeros maravillosos.

A mis amigos hombres que hoy se sienten avasallados por las denuncias, quiero decirles que esto no es nuevo. Que muchisimas mujeres hemos sido víctimas de acoso, de preguntas desubicadas, de chistes desagradables que atentan contra la dignidad de las mujeres. Y ni hablar de los apodos que me ponían por el tamaño de mis tetas.

Se que cuesta digerirlo, y eso no nos hace enemigos, sólo les pedimos, que nos escuchen sin juzgar, que traten de quitarse el chip “yo no le creo” o “busca fama”. Yo no necesito fama, no necesito nada y lo tengo superado porque de alguna manera se me encalló, lo curé, usé toda mi resiliencia disponible porque no había elementos como ahora para decir, para denunciar.

Solo necesitamos que cambien la mirada, que nos vean con empatía, nos escuchen, nos contengan, no nos juzguen y nos quieran.

Gracias Sandra Votta por tu testimonio .

La Casa de 9 de Julio

Aquí les comparto un texto de una de mis lectoras Silvina Quiroga, que lo disfruten .
Desde chica llegábamos a Capital en auto. Yo apoyaba el mentón en el marco de la ventanilla para así poder divisar mejor esa única casa. Si, esa casa, la única en pleno centro, al lado del obelisco, sobre los edificios.
Me preguntaba si alguien la habría visto antes, años y años emocionándome al ver que en pleno centro había una casa e imaginaba ¿quién viviría ahí?, ¿Cuál sería su historia? ¿Ves que se puede vivir en casa en plenísima Capital?

Recuerdo una vez haberles dicho de esa casa a mi familia y que mis hermanos se burlaran de mí, diciéndome que no podía haber una casa al lado del obelisco. No me creyeron hasta que un día la descubrieron en nuestro rápido pasar.

Tengo en mi memoria, que en el Obelisco se celebró la llegada de la democracia con Alfonsín. Recuerdo haberlo visto pintado con aersoles y luego arreglado y enrejado. Recuerdo cruzar siempre esa gran avenida con terror a que me pisara un auto. Luego terror a los piropos obscenos mientras caminaba hacia ese gran McDonald’s, de regreso de la facultad, para comer alguna hamburguesa con queso, ya que el camino a casa sería largo.

Recuerdo ver desde chica mujeres, o más bien nenas, con un bebé, seguro su hijo, en brazos pidiendo, así como la caricia en la mano de ese pibe de 12 años para robarme el #Startac. Lo llevaba en la mano para marcar un número y contar que tenía miedo a un vagundo que se me acercaba demasiado. No supe qué hacer hasta que de repente me encontré corriendo detrás de este pibe a pasos agigantados por lo injusto de la situación. Recuerdo verlo perderse en una gran plaza y que la policía me dijera, sin más, que hacia allá huían todos. Me decía que ellos nada podían hacer, mientras la recorreríamos para que yo identificara al pibe.

Recuerdo mi promesa de evitar esa zona, cuya avenida cruzaba corriendo por que me gustaba ir a la facultad, a pie, para evitar el subte abarrotado de gente.

Recuerdo regresar de la facultad con una piedra en la cartera, porque a Ranelagh llegaba de noche, a un barrio poco iluminado de una avenida Sevilla vacía de gente y de autos. Recuerdo haber cruzado esa ancha, vacía y oscura avenida de mi barrio corriendo a más no poder, porque un tipo me seguía; uno que salía de la cortada oscura desde donde escuchaba sus pasos, oculto para acecharme. Bloqueó mi camino con su bici diciéndome yo que sé. Corrí hacia la luz del kiosco con este tipo de aspecto desagradable corriéndome detrás. Luego me contarían que ese muchacho por ahí habría pasado mirando todo y mirando a su nena que estaba ahí parada en el kiosco.

Recuerdo mi mochilita donde llevaba esa piedra por miedo a que un hombre me molestara en la calle, recuerdo agarrarla fuerte y abrazar la piedra con mis dedos mientras caminaba de regreso de la facu con la patrulla con 2 policías dándole toques a la sirena y diciéndome obscenidades, que yo evitaba escuchar, caminando, mirando al frente y temiendo reaccionar y que algo me hicieran.

Un día escapé del microcentro invadida por el stress de esa ciudad y no quise regresar más.

Pero el destino me llevó a un día regresar. Regresar a ese punto neurálgico por tener un interés altísimo en tomar clases de stand-up en el teatro del locutorio. Un pequeño teatro hacia el final del pasillo de un locutorio, a media cuadra del obelisco, bajando una oscura escalera; animándome a bajar por que una conocida me había recomendado ese curso al que ella también fue.

Ahí fui 6 meses parándome en el escenario con mis relatos, hablando, pretendiendo reírme de mi misma. Logrando hablar mucho, sí, pero sin poderme escapar de la narrativa, o lograr principalmente poder reírme de mi misma.

Enfrenté mis miedos, fui con miedo cruzando esa gran avenida. Estuve en el escenario de lo que uno veía en los noticieros.
Salí de las clases y vi la casa, ¿quién viviría ahí? ¿Cuál sería su historia? El profesor nos dijo que “no hagamos puerta”, no era una zona segura.

Vi el obelisco cambiar de colores y la casa iluminada en colores detrás. ¿Cómo se vería el obelisco desde sus ventanas? ¿Se vería una ciudad pacífica?

Ví a los de boca ó los de river/ a las de verde y de azul/ a los piqueteros con sus caras tapadas, palos en sus manos enfrentados a la pobre policía envalentonada con sus escudos en alto. De esa casa imagino, sólo se vería un mundo de colores bailar entramado con los colores intensos de los jacarandá en flor.

Y cada noche llegaba casi corriendo, abrazada a mi cartera, mirando hacia los costados atenta y exhalando profundo esos miedos antes de entrar. Otra vez me animé a las 7 o 10 de la noche correr apresurada, aunque llegara temprano por esa zona tan emblemática que en una postal o desde esa casa en lo alto se vería emblemática, señorial, rodeada de colores bailando de felicidad. De allí no se veían los colores rivales ni se escuchaban los petardos y banderas escritas, ni se veían los robos ni la piedra en mi cartera.

En seis meses aprendí un montón no sólo de las estructuras del stand-up, sino a no temerle “tanto” a esa zona, a cruzar sin correr ni pegarme a gente que me inspiraría seguridad y confianza. No temerle a las miradas de un hombre dándole pitadas a alguna yerba enroscada en un cigarrilo armado. No temer a las protestas, ni preguntarme ya qué hacían los camiones de canales de tv apostados sobre la plaza filmando en todas las direcciones. A no temerle a las hinchadas de Boca o de River. Pero si bien mis temores se apaciguaron, dejé mis clases de stand-up, de hablar en un micrófono sintiéndome pez en el agua. Es que aún no lograba hacer click con las cientos de hojas de material escritas, sentía no era momento de reírme de mi misma ni develar mis miedos por cruzar esa gran avenida. Pero había miedo instalado en mis entrañas de ese lugar aunque no me hubiera pasado jamás nada grave. Sentía ese cruzar como ponerme en riesgo totalmente innecesario y ya me hartaba de ver que todas las mujeres del grupo, por razones inentendibles, dejaran de ir también.

Ayer volví para ver la demo de la muestra de mis compañeros, los había extrañado, a mi profe también y al teatrito de cortinas rojas con sus risas por sobre todo. Por supuesto a esas caripelas las recordaba, sin entender, ¿cómo habría pasado 30 veces por esas veredas en la oscura noche?

Ese día el 59 no llegó a la 9 de julio, desviado por el movimiento de #TodosPorLucia , una chica apaleada y violada por un tipo que quedó libre por visitarla con una Cindor y no recuerdo qué otra golsina, muy inocente su visita para ser considerado un violador; consideró aquel hombre, el juez, el que tiene la última palabra.

Regreso, rodeada de mujeres con sus pañuelos verdes defendiendo a Lucía que ya se fue, con el calendario feminista de Victoria Morete en mi cartera reemplazando esa piedra que en realidad había sido regalo de mi amiga firmado por ella para representar nuestra amistad. Esa piedra que yo estaba dispuesta a usar en legítima defensa.

No soy verde, no soy azul, ni de ningún color, no puedo concebir el aborto salvo que se haga por una violación. Mi amor por los bebés sanos, no sanos, esperados ó no esperados pero bebés en fin, no son culpables de un “se me escapó quedar embarazada”. No soy verde, no soy azul pero si pido por #NiunaMenos Estoy en contra del machismo, odio haber tenido miedo toda la vida por ser mujer y odio estar contenta por no estar más en el rango de edad que pueda ser apetecible por un pibe sin educación, sin límites

sin escrúpulos.
Me parece injusto que no me sienta protegida por la policía, no me siento segura en una zona emblemática y tema hoy por mi hija cuando crezca. Sé que debo mantenerla atenta pero no transmitirle los miedos del ser mujer y no tener derechos a caminar sin escuchar palabras desmesuradas de un hombre calentón, estar atenta para evitar el toqueteo en un boliche y andar libre por la vida, tan libre como estos tipitos enfermos de mentalidad.

#LaCasaDe9DeJulio #TodosPorLucia

Sil Quiroga