La batalla de la Reina

  

Lunes 6 de Agosto 22:30 h

Tengo sueño y a la vez me siento movilizada. No esperaba que de este espacio de reflexión aflore una gran pregunta, no esperaba escuchar y reconocer emociones propias y ajenas. Mi presentación fue corta y concreta, ¿Acaso real?

Me siento motivada, impulsada a atravesar conscientemente los hilos más finos de mi historia, a reconocer mis enredos a través de la palabra, a aventurarme profundamente para poder pronunciar eso que tanto deseo y sentir como vibra mi cuerpo en cada descubrimiento.

Se acerca Frida, mi gata tricolor, la que se ve como leona cuando se mira al espejo. Cerramos los ojos, es hora de descansar.

Estoy sumergida a metros de la superficie, suspendida, sin movimiento alguno, mis ojos están cerrados y no siento el latido de mi corazón. Llevo meses o mas bien perdí la cuenta en esta posición. Estoy rendida, siento mucho frío, las cadenas que llevo en los pies me aprietan, la caparazón de acero me hace daño la piel, trato de pensar en cómo salir de aquí, no puedo ver, no sé si es de día o de noche.

Siguen pasando los años y mis músculos se van atrofiando. Hoy me convertí en una forma extraña, congelada, pesada, hay grietas que sangran, partes que se van desgarrando, necesito ayuda.

Alguien se acerca y murmura algo, tardo unos segundos en darme cuenta que me habla en ruso. Me pregunto porqué en ese idioma, ya no recuerdo ni mi nombre. Se acerca una y otra vez, levantando la voz, haciéndome señas, insiste.

Pasan los días hasta que logro entender la palabra completa. Ese alguien no deja de decirme “Pochemú”.

Un gran cardumen pasa por mi lado velozmente , hace que me mueva, algo me resuena, me grita fuerte, muevo mi cabeza y siento algo en la cara, ya no estoy congelada, salgo del agua con un impulso que viene de adentro de mi ser ,me empuja hacia la superficie.

Escucho tambores repiqueteando, veo soldados uniformados, me siento confusa, hay sonidos familiares que no logro reconocer, al menos no en este instante. Ahora estoy en otra dimensión.

Me pregunto dónde estoy, no entiendo nada. Me resuena la palabra que sigo escuchando en mis oídos en ruso, pero ¿ y los tambores? ¿ y este calor sofocante?, abro lentamente mis ojos y el bullicio resuena en todo mi interior, muchas voces, noto que lo que tengo en mi cara son papeles, veo un cielo celeste y blanco del mismo color que lo que tengo sobre mi cara.  Oid mortales, Oid mortales, escucho. Cada vez más alto Oid mortales, el grito sagrado ¡Libertad, libertad, libertad! Oid el ruido de rotas cadenas. Pienso en mis pies, los puedo mover. Sigo confundida, quién era esa voz, porqué estaba presa, doy una bocanada de aire a mis pulmones y siento que puedo respirar, con movimientos lentos trato de incorporarme, siento mucho calor y sed. 

Logro sentarme en esas baldosas duras abriendo los ojos de par en par, pasan niños correteando a mi lado gritando  ¡Somos libres! Me pregunto qué significa esa palabra. 

Y un montón de recuerdos se agolpan en mi mente, los veo pasar como viejas fotografías ya sin color, logro distinguirme entre algunas fotos casi irreconocible, con una mirada triste, un corazón partido y un gran peso en mi pecho. Siguen pasando las fotos y puedo visualizar cómo fue que rompí mis cadenas, busqué ayuda y salí a flote. Recorrí muchos kilómetros bajo aguas heladas de los mares del Norte.

Ya sé lo que significa esa palabra que resonó en mi camino. Pachemú significa porqué.

Estoy sentada hoy aquí en esta ciudad agitada con muchos temores e incertidumbres, despertando de ese tiempo de letargo y comenzando a sentir que ese camino tiene un Porqué.

No recuerdo que forma tenía, solo sé que el envión de este himno que escucho me hace accionar.

Morí y renací muchas veces, dicen que el amor es más fuerte. 

Me levanto lentamente decidida a dar pasos firmes pero tiemblo al pensar que será de mí y la angustia me envuelve nuevamente. Tengo miedo y eso me hace enojar, recuerdo que dijeron que todo iba a ser positivo, que iba a sanar rápido y me mintieron o me mentí -pienso, tal vez para mantener una imagen de alguien que quería ser o tener. 

Me siento débil pero voy dando pasitos tratando de salir de ese lugar de tanto ruido, veo a lo lejos una cortada y decido tomar otro camino. Pienso en el tiempo perdido por dar vueltas a un asunto que al no seguir mis instintos me enredé en la melancolía y en el dolor.

A veces la idea de equivocarse hace que uno no mueva las piezas del tablero pero acá estoy, se ve que lo puse patas arriba. Sigo caminando por esta ciudad, adentrándome por los canales más inhóspitos, reconociendo los torrentes que recorren cada sistema. 

El paisaje se confunde nuevamente, y vuelvo a escuchar la voz, esa misma que murmuraba pachemú. Vuelvo a cambiar mi forma y estoy confundida, ¿Ahora estoy dentro mío?, me pregunto . Escucho el latido más cerca, siento el peso de la columna en mi espalda, miro hacia arriba y veo dos extremidades y decido avanzar por ese lado, conocerme desde mi verdadero ser. Encuentro un cartel que dice EGO que me va mostrando cómo lucho para quedar bien, me veo domando un gran animal, una fiera salvaje que solo quiere llevarse mi valor.

Sigo adelante, y veo una foto de mis hijos y siento culpa por no poder ponerles límites, y mi cabeza estalla en una gran guerra, hoy hay pelea entre el SI  y el NO. Quedo en esta trama por mucho tiempo entre mis pensamientos de cómo quiero hacer las cosas y como se supone que hay que hacerlas. 

Una parte de mí muere y la otra sigue adelante alerta ante algún otro peligro inminente. Ahora puedo recordar quienes me acompañaron en ese largo viaje debajo del mar y quienes me dieron armaduras para ir mudando en cada caso. Ellos tienen tenazas, yo tengo la palabra.

Al fin y al cabo es siempre una guerra, vivimos en conflicto. Yo sigo avanzando porque me di cuenta que ahora soy autónoma, que a los enojos puedo enfrentarlos con silencio o tan solo contando hasta diez. Sé que hoy lo que decida no será cometer una infracción, y que esa culpa la puedo controlar bajando los excesos y las adicciones, me paro frente al estómago, a la tentación  y le ordeno que se achique porque aquí se produce la metamorfosis. ¡Yo creo mi ser! le grito a viva voz, ¡yo creo mi ser ¡ y como eco la frase se va repitiendo en cada órgano, en cada fibra de mi cuerpo.

Y voy aumentando de tamaño, hasta que me encuentro delante de un gran cristalino que refleja mi forma, y al fin puedo verme.

Y por primera vez le pregunto ¿Quién soy? El me observa, levanta su dedo y me señala.

Logro esbozar una sonrisa, y siento que todo el cuerpo aplaude ¿Por qué aplauden? -les pregunto. El cristalino sonríe y me dice que tome el camino hacia abajo a la izquierda. Allí encontrarás tu respuesta.

Pasaron muchos meses y este recorrido es muy sinuoso, lleno de espinas, caprichos, momentos de llanto y desilusión. Me siento como una oruga que nunca podrá volar.

A medida que me acerco el paisaje va cambiando, soy corajuda y tengo el propósito de poder pronunciar eso que tanto temen mis labios comunicar.

Decido sacarme el harapo que llevo puesto, buscar otro camino y enfrentarme nuevamente una y otra vez a descubrir ese tesoro que tan escondido se encuentra.

Voy cerrando ciclos firme y decidida, me aferro a mis ganas y a mi deseo, esta vez estoy sola pero de pie, ni suspendida ni en el fondo del mar. 

Veo fuego y acepto que me voy a quemar, que va a doler pero sin sufrimiento. Las llamas crecen rápidamente y necesito creer que voy hacerlo. Me pongo mi mejor traje, y descubro que detrás del fuego se encuentra el Corazón. Lo miro y él se encuentra en paz, con los brazos abiertos, se lo ve sereno. El me grita ¡P O C H E M Ú! nunca dejó de hacerlo era yo la que huía de sentir eso que se llama amor.

Al escuchar esa palabra descubrí y pude ver que lo que pensaba que era fuego era el gran resplandor que emitía el Corazón. Un resplandor vibrante y que brindaba calor, lo sentía poco a poco.

Lo que me quería decir ERA QUE PORQUÉ  tanta baja autoestima, tantos momentos de tristeza y soledad, el porqué de estar con mis tenazas enojadas, el porqué de mis miedos y mis culpas que el precio de mis excesos es esta búsqueda del AMOR.

Doy unos pasos más, y lo toco, lo palpo, huele a flores, le doy la mano, le doy la otra y así finalmente lo abrazo.

Emocionada y abrazada al corazón desperté hoy Lunes 10 de Diciembre. Lloro porque estoy movilizada, lloro de alegría por haber vivido estas experiencias. Me siento liviana, con menos peso encima, con mis pies listos para volar, con mi pecho distendido, con forma de humana sintiendo al fin que los conflictos estarán siempre.

Estoy en mi casa, fue un sueño real que fui construyendo semana a semana.

Aún resuenan en mi cabeza los tambores al sonido de Oid mortales, el grito sagrado, Libertad! 

Me siento en la cama y miro el espejo, me acerco lentamente, me señalo a mi misma y me digo con mi boca  -Buenos días Leona y a viva voz grito

¡TE QUIERO!, esta vez es real. 

Epílogo

Hoy finaliza el proceso más curioso, profundo, sincero y sanador que he elegido transitar. Inteligencia emocional es reconocer emociones propias y ajenas, regularlas y aplicarlas en beneficio de nuestro desarrollo personal. No será mi última batalla, ya no me importa llegar primera o en último lugar, soy exitosa porque trabajo en mi autoconocimiento y salgo de esta gran batalla coronando a esta Reina con más autoconfianza.

Las realidades las genera el observador de lo que ocurra. Sabremos lo que observamos y cómo podremos actuar si nombramos a lo que sentimos. Si vaciamos la mente para poder crear nuevas realidades. Ya lo decía Cristo…. Hay que morir para entrar en el reino. Es decir, vaciar la mente y ser creadores de la realidad. 

FIN-

Un Amigo Cómplice

Café de por medio, salidas nocturnas, caminatas, noches largas, reír a carcajadas, llorar desconsoladamente, abrazos de oso, largos mensajes por whatsapp que en alguna época no tan lejana eran cartas escritas en papel, vacaciones compartidas, secretos, contarte mi primer beso o mis proyectos, contar anécdotas, momentos de enojo, de dudas, de miedos y momentos de despedidas…. cuántos momentos que hemos pasado.

A lo largo de la vida frecuentamos varios grupos de amistades, desde que somos niños nos preguntan ¿Quién es tu mejor amigo/a?, nuestros padres se involucran en nuestras relaciones con nuestros pares tratando de cuidar nuestros vínculos, queriendo  que conectemos con personas que tengan valores parecidos. A veces rotulamos demasiado, en vez de dejar que sea lo que será.

Somos energía entiendo hoy, y sé que vamos vibrando de manera dispar. Conectamos a veces con personas de manera profunda y hasta irracional pudiendo compartir a lo largo de la vida o tan solo una o dos veces para luego desvincularnos en una noche de verano como si nada hubiese pasado y seguimos adelante por nuestro camino sinuoso codeándonos con personas sorprendentes, enigmáticas, atractivas, sombrías, amorosas, otras tantas incomprensibles, lejanas, y hasta desconocidas. Nos conectamos con la palabra, en distintos idiomas, a través de nuestro lenguaje corporal, desde esas miradas sostenidas que lo dicen todo, desde el corazón y a veces desde la ira.

He llegado a compartir momentos íntimos con personas elegidas y sin embargo, nunca pude conectar desde lo profundo. He viajado mucho y tengo amigos y conocidos en muchos lugares y he tenido que soportar durísimas despedidas. Con muchos de ellos vivencié historias de vida complejas, y aunque la distancia física provoque cierto tipo de dilatación, al volver a conectar aunque sea vía telefónica aflora esa sensación plena de estar hablando con ese alguien que te conoce la voz, que siente lo que uno siente, que no hace falta justificar ni juzgar, que escucha y que trasmite cotideaneidad.

¿Cómo nos conectamos hoy con las relaciones de amistad y familiares? Es una buena pregunta porque vamos cambiando de posición frente a diversos comportamientos y actitudes. A todos nos pasa. Queremos vernos más seguido pero también es porque vamos priorizando otros asuntos. Ponemos excusas de no tener tiempo, de que hay mucho tráfico, de que el clima no es el apropiado, los hijos, las parejas y así, tantos peros. ¿Son excusas? -me pregunto. Algunos vamos teniendo claro que decir no quiero verte hoy, significa que tengo más ganas de estar conmigo que contigo. La coherencia, la flexibilidad, la generosidad, el agradecimiento y la lealtad son otros valores a tener en cuenta para consolidar una relación de amistad.

A veces, al tomar distancia con algún familiar cuesta volver a entablar una relación ya que pasamos a desconocernos en algún punto. Querer que el otro relate sus sentimientos va a requerir que nos sentemos nuevamente a contar quienes somos, qué cosas sentimos y desde allí poder construir nuevamente otra conexión basada en la entrega, la confianza sin límites, la paciencia, el respeto, el afecto mutuo y el saber perdonar resignificando así esa nueva conducta que se genera entre dos o varios. Y también en las relaciones familiares si la confianza se destruye podemos dar un paso al costado y sin llegar a tener un trato soez,  poder elegir de qué manera vincular.

Vamos caminando por nuestro camino a veces acompañados por la misma persona, en otros momentos rodeados de gente, algunos van quedando en el camino y nos han dejado mucho aprendizaje o una gran lección. Quizás no volveremos a verlos, pero siguen estando en nuestro recuerdo.

Soy ingenua,  siempre he creído en los demás.  En general confío en las personas, aprendo sin experimentar todo, pues no lo veo necesario. Fácilmente  conozco a la gente porque tengo el don de saber cómo son, y muy pocas veces me he equivocado.

Debe ser porque estoy aprendiendo a ser una mujer madura y cursi a ratos. Sí, cursi porque dentro de mí está mi niña interior, mi adolescente impulsiva y  mi experiencia de vida. Quiero estar con alguien importante,  que me dé un antes y un después: antes de conocerte, cuando te llegue a conocer, bien o muy bien, tus gustos, tus sueños, tus planes para el futuro. Lealtad.  Quiero sinceridad, confiar en el otro, tener mi  mejor confidente, el que sepa guardar secretos, que me escuche sin juzgarme,  que  me abrace sin  exigir nada a cambio. Que me conozca sin criticarme, que tenga la fuerza para decirme las cosas que no le gustan de mí y yo tener la cordura para escuchar, mismo no este de acuerdo. Estar presente sin estarlo, en la distancia, con los pensamientos de alegría y buena vibra. Que tenga una palabra amable, una sonrisa, una risa, una oración cuando estamos mal, un llamado de atención cuando sea necesario. Que sea mi cómplice al viajar, caminar, correr, volar, leer un libro, ver una película, caminar por la playa, por la montaña, hasta tomar una simple taza de café en el momento que se pueda.

Quiero vivir, solo quiero un cómplice.  Un amigo cómplice.

Ladis

Después de una semana enérgica y con muchos logros personales, amanezco hoy en paz , el día se ve gris pero me visto con ropa de color. Abro las ventanas de par en par para que se vea el verde de los árboles del frente y  dejo que entre ese aire fresco con olor a lluvia que cae copiosamente y me moja todo el balcón.

Esta semana vengo reflexionando sobre otra gran palabra y no puedo evitar pensar en mi amiga Ladis. Ella es colombiana, una morocha jovial de ojos negros que cuando ríe se le notan sus pecas en sus cachetes. Nos conocimos en Bakú, ambas con el mismo objetivo; seguir un proyecto familiar viajando por varios países. Mientras me sirvo otro mate dejo mi mente vagar por aquella época.

Bakú es una ciudad hermosa donde la arquitectura del lugar te invita a convivir con la historia y el progreso permanentemente. Algunos edificios viejos y rotos de la época soviética, calles angostas donde si uno mira hacia arriba se encuentra con una gran red de tendederos de ropa. Se ven plazas, con sus grandes fuentes impecables, bien cuidadas y en primavera tan llenas de flores. El gran boulevard que da al Mar Caspio donde los fines de semana las familias pasean, se sientan en los bancos de madera, o en algunas casas típicas para tomar el té. Al mismo tiempo hay construcciones modernas como las torres en forma de llama de fuego, todas de vidrio y que por las noches iluminan con distintas figuras gran parte de la ciudad, si fuera una postal cada foto tiene ese contraste, la ciudad vieja amurallada de casas bajas, callecitas de adoquines, lugares donde te dan baños turcos llamados hamman y los modernos edificios de esta era del modernismo, sin líneas rectas y sofisticados.

Ladis y yo junto a otro grupo de mujeres de la comunidad de habla hispana solíamos caminar por esos lugares y por 3 años de los 5 que estuve convivimos como una gran familia. Al principio vivir en el extranjero es duro, en este caso el choque cultural y el idioma fueron para todos un gran desafío. Después de un tiempo uno va haciendo amigos, nuevos grupos que hacen que los momentos tristes desaparezcan y uno puede sentirse en casa, porque después de todo, el hogar reside donde habita el corazón.

Hay relaciones que se profundizan, es como que todos estamos con las mismas dificultades y juntos vamos haciendo esta vida en el extranjero más amena, pasamos por emociones parecidas y nos fortalecemos poco a poco. Con Ladis tuve una gran conexión desde el principio y en este presente que continuamos nuestra amistad a la distancia ella en México y yo en Buenos Aires hemos vivido situaciones de vida muy parecidas.

Tuvimos la oportunidad de vernos en 2017 y compartir 3 días de vacaciones, es extraordinario encontrarte con alguien y hablar como si lo hubieras visto ayer. Yo les llamo amistades profundas. Y se siente, al despedirse, una gran congoja porque si bien el vínculo no se rompe sabes que no sabrás si volverás a ver a esa persona o no. Es un gran proceso de duelo que se hace y lo más difícil que me ha tocado procesar en esta experiencia de vivir en el exterior.

Esta semana hablé con ella porque está atravesando un momento sensible donde decidió avanzar en su vida, volver a mudarse, comenzar de cero y sola. Ella es fuerte pero le hablé desde mi experiencia.

Este año pude transitar lo que significa dar un paso al costado, cambiar de posición para poder analizar mejor los ruidos que escuchaba alrededor. Y para esto se necesita un periodo de introspección, de aislamiento para mirarnos hacia adentro y preguntarnos cómo estamos, qué soñamos, porqué es importante hacer o no lo que venimos realizando. Es muy positivo y necesario le dije a Ladis poder aislarse para poner atención en nosotros mismos.

Pasa que en este proceso, y cuando pasamos por muchos cambios, pasamos a tener momentos donde esa soledad nos sofoca, nos oprime, nos aplasta o nos deja todo el día en la cama con el edredón tapándonos hasta la cabeza no vaya ser que alguien nos encuentre. Es ése lugar donde no nos soportamos ni a nosotros mismos, es incómodo.

Y salimos un día a la calle con la frente en alto enfrentando nuestros miedos  pero al mismo tiempo sintiendo esa carencia voluntaria o no de compañía. Somos seres sociales donde usualmente creemos que sobreviviremos solamente si estamos en conexión con otros.

Ambas pasamos por distintas fases de ambigüedad entre esa sensación de clausura y de encierro y otras tomando esos momentos como oportunidades para comprender nuestro propio mundo interior.

Sigue lloviendo, el mate ya está frío, se escucha Let her go de Passenger levanto la mirada y miro alrededor. Estoy sola.

“Sólo necesitas la luz cuando se está consumiendo,

Sólo echas de menos el sol cuando comienza a nevar,

Sólo sabes que la quieres cuando la dejas marchar.”

Bordeline

Te respondí tantísimas veces – Yo sé o yo lo sabía que recién  ahora  lo entiendo querido amigo, mi no editor. En esta construcción consciente de mí ¿Quién soy? donde por primera vez puedo presentarme diciendo Yo soy y reflexionado sobre esta palabra que no la tenía en mi vocabulario por conceptos erróneos, en este instante puedo desmenuzar estas tres letras que conforman la consciencia de la propia identidad.

Dicen que hay que domarlo, que para ser feliz no lo necesitamos, que tenemos que despojarnos poco a poco como cuando uno va sacando cada pétalo de una flor de margarita.

Hay una frase de Osho que lo sintetiza perfecto en mi opinión y en base a ésta les contaré el tesoro que descubrí al bucear en mi interior. Dice así:

“ Si una persona conoce su propio valor no tiene que preocuparse por lo que piensan los demás, por eso es importante conocerse, porque solo el ego es el que depende de las opiniones de los otros. El ego tiene que transar para quedar bien, pero el verdadero ser no”. 

 En las profundidades de mi ser pensaba que la autoestima tenía que ver con el ego. Siempre sentí confusión. Ahora veo que una de las cosas que bloquean el crecimiento es no saber qué tipo de ego está en nuestra personalidad. ¿Qué tipo de ego tengo?

El que le gusta llamar la atención o el sabelotodo que quiere tener siempre la razón, que no tiene nada que ver con el egocéntrico que quiere ser el centro de atención, el sabelotodo también independientemente que sea o no el centro de atención quiere tener respuestas para todo. El competitivo o el silencioso que maquina mucho y emite juicios de los demás. O será el que necesita que su ego sea alimentado de reconocimiento y admirado por lo que hace o dice.

Buceando encontré que pensaba que no era egocéntrica, y todo lo contrario, pienso que vengo transitando por la vida con un ego borderline, a veces actuando para ser reconocida por los demás porque como dice siempre Cari todos queremos ser queridos y recibir cariño y muchos egos dependen de la situación donde nos encontramos. Otras tantas el ego competitivo.

El ego se siente atacado, cuestionado, ofendido y pretende tener la razón.

El tesoro que encontré es una gran flor de persona que es empática, que aún tiene dificultad para aceptar críticas, que sabe que todos somos diferentes, que es una facilitadora de herramientas para los demás, una gran dadora, que como un diamante en bruto, va alineando las aristas para equilibrar las cosas que da a los demás con lo bello que tiene dentro para sí misma. Encontré bajo mi piel, pasando las capas de esta obesidad que me envuelve, muy en el fondo navegando las aguas de mi ser, a la palabra VALOR, y será en un proceso a mediano plazo que mi verdadero ser podrá domar ese borde entre el hacer para quedar bien o para estar en paz. El autoconocimiento, el valor propio es mi gran tesoro hoy.

Para mi, desmenuzar la palabra EGO sería trabajar en la E de emociones, la G de gratitud y la O de observadora de mis acciones.

Sobre la Muerte

Ella solo asentía .Yo le regalaba mi sonrisa. Siempre lo recordaba. Cada mañana antes de entrar a la escuela, tocaba el timbre  a doña Aquilina y le dejaba un puñado de galletitas boca de dama que tanto le gustaban.

Ahora, unos años más tarde, al regresar del trabajo suelo encontrarla sentada en el banco de la plaza Placeres. Se la ve mas mayor, con su pelo corto  y siempre vestida bien elegante. Hoy lleva una falda gris noche con una blusa rosa pálido, usa pulseras y aretes. Su mirada denota soledad. Yo sonrío, ella dice muchas gracias, supongo que por las galletas que le dejaba .

Hoy fue un día de locos , Fernando me pidió que deje todo preparado para la reunión de mañana, Don Guzmán me tiró el café encima mientras corregía los informes finales. La oficina era un caos. Hacía días que tenia cansancio acumulado, dolores en las cervicales y esa sensación de ir por la vida igual que el dibujo del electrocardiograma. Decidí volver temprano.
Con la cartera aún puesta saqué la ropa del lavadero y la colgué, revisé las mochilas de mis hijos, abrí la heladera, la cerré, levanté juguetes del piso, volví a la heladera, la abrí y volví a cerrarla.

Mi madre me llamó para decirme que no olvidara buscar el tapado de color rubí en la tintorería. Era un tapado de su abuela que para mí era de color rojo fuego que ella solo usaba en ocasiones especiales.

Se acercaba el final del día, estaba sola y eso significaba momento de lectura y a descansar. Al rato escuché sonar el timbre de casa, me asomé por la ventana pero no vi a nadie. Pregunté con voz gruesa,- — ¿Quién es? y nada.
Al rato, bajé las escaleras y me animé a abrir la puerta, en el piso había una canasta llena de galletitas boca de dama.
En voz alta grité- Muchas gracias!.  Era un atardecer cálido y ese cielo rojo fuego como el tapado de mamá teñía las casas y la calle.

Nunca la vi sonreír.

Abuela Aquilina. Hoy me acordé de vos. De tus te de las 5, de las boca de dama. Decidiste desaparecer envuelta en llamas, al rojo vivo como aquel atardecer.

Un cuento inventado. Un recuerdo real.

¿ Quién Soy?

Martes 2 de Octubre de 2018

Son las tres de la tarde y ya sentada en el subte iba repasando mi curriculum mentalmente. Un poco nerviosa estaba, no lo voy a negar. Por suerte voy sentada, -pensé. Esas veinte cuadras caminando con mis zapatos nuevos y con mi paso acelerado no fue buena idea. Al salir del subte sentí mi pie hinchado y un dolor punzante en mi dedo meñique. La puta madre, ¿ justo hoy me vengo a ampollar? crucé la Avenida de Mayo caminando lento entre los manifestantes del hospital Posadas, los vendedores de sandwich de mortadela y los puestos de choripán. Ya me sentía con la cara desencajada, transpirada y con una mezcla de aroma a asado y otro poco de perfume francés. Al llegar a la oficina me pidieron que espere sentada, fueron veintisiete minutos.

Ya, en la entrevista, después de saludos cordiales y una breve introducción, el hombre de cabello entrecano y rizado me explicaba que veía en mi curriculum muchos huecos, que se notaba que viajé pero que no le quedaba claro algo y  preguntó:- ¿ Qué sos?

Lunes 6 de Agosto de 2018

Hoy me siento entusiasmada ya que comienzo un curso de escritura y reflexión, seguro que me harán un montón de correcciones, le iba contando a mi amiga  Cecilia mientras hablamos por whatsapp. -No seas tan exigente, andá y disfrutá, es un espacio para vos, me dijo. Recién escribí un breve relato sobre ¿Quién soy?, me lo pidieron de tarea. Puse que soy una Marina de cuarenta años, que ha tenido muchos cambios en su vida, hacer y rehacer valijas, mudanzas, cambios maritales, dos hijos, que le gusta el mar.

Obvio, -me dice mi amiga. Y puse que está en búsqueda de qué quiere hacer en su vida. Tantos cambios, tantas cosas… que estoy hecha  de retazos, entendés? Voy sumando experiencias a mi vida que van haciéndome un todo.

Sábado 6 de Octubre de 2018

Estoy sensible y mucho. Estas semanas han sido intensas, paso de la euforia al llanto, ese que viene de las entrañas, llanto liberador, de cansancio. Quisiera que sean lágrimas de alegría pero esas no me las permito. Comencé un proceso de Coaching, siento que trabajar este tema que me incomoda tanto será un buen puntapié para cosas venideras. Pienso mucho y eso cansa. Estoy cansada de los trámites, de  hacer lo que se supone que debo hacer, me falta energía, me cansa esta ciudad tan llena de gente y  a la vez tan vacía. Tengo que escribir sobre la Identidad para el curso, me falta tiempo para unir las piezas de la historia, hay tanto para contar… ¿Y qué escribir?  ¿ La historia de mi madre ? esa búsqueda y esas preguntas de ella sobre ¿ De dónde vengo? la adopción… qué gran tema. Sería un novelón pero esa historia ya la escribe la protagonista. ¿De mí? No tengo ganas. No quiero escribir.

Martes 2 de Octubre de 2018

Silencio. Después de escuchar esa pregunta del entrevistador me sentí ínfima, chiquitita. Fueron segundos donde lo observé a este señor pero en mi cabeza se desarrolló una gran historia explicando y justificando lo que soy, con una clara introducción, sólido desarrollo y un final contundente.

La pregunta resonó nuevamente y reaccioné un poco emocionada por dentro pero por fuera con cara de póker explicándole a este señor mis habilidades y tareas en las cuales me considero fuerte, el tipo de trabajo donde me visualizo y sobre cuan productiva soy. Después de unos ejercicios y otra entrevista con el presidente de la empresa, mucho más amena por cierto, salí de la oficina, entré al ascensor y lloré. Estaba sola. Al salir del edificio encontré la calle sin manifestantes y un poco sucia. Me sentí exhausta. Caminé hacia la estación de subterráneo sintiendo aún el dolor que me generaba ese zapato nuevo.

Esta Marina cree saber quién es, tiene muchos huecos en su curriculum porque no aprendió a perseguir sus propios sueños. Bueno, -pensé, algunas decisiones que has tomado han generado grandes cambios y avances en situaciones que anhelabas. ¿ Qué quiero en el ámbito laboral ? esta entrevista fue un gran aprendizaje.

Lunes 8 de Octubre de 2018

Esta semana busqué ayuda para analizar mejor mi curriculum y modificar lo que sea necesario para que se pueda leer y comprender mejor. Por momentos me he mirado al espejo y no entiendo aún para donde voy. Solo sé que avanzo , voy para adelante. Son las seis menos diez y estoy escribiendo esto mientras me tomo mi yoghurt, no iba a escribir nada pero de camino a mi curso me sentí inspirada, entré a este bar y acá estoy. Me río porque al menos, o mejor dicho, gracias a mis experiencias vividas soy consciente de lo que me falta aprender y de lo que puedo ofrecer con mis capacidades intelectuales y espirituales y  pudiendo mirar mi vida aún deformando un poco la realidad de lo que verdaderamente ocurre.

¿Qué soy? esta pregunta me hace dar cuenta de que aún no hay nada perdido, aún hay trabajo para esta crisis pasajera que siento, ésta que me lleva a sentimientos de vacío y soledad. Lo siento como un gran peso en mi espalda reflejada en mi cuerpo también .

¿Qué soy? soy una aniquiladora de mi identidad porque cuando esta Marina usa la palabra que es el medio donde mejor se expresa, crece, se expande, se nutre y hasta se ríe, sin embargo otras veces, la usa para hacerse daño, para decirse frases que hieren, para estancarse en una posición insatisfactoria que la hace salir de su camino quedando así un horizonte desdibujado.

Hay que tener amor propio, si comenzase a transitar el laberinto de la Identidad podría decirme a menudo “te amo” y es ahí donde podré visualizar mi horizonte con claridad y podré simplemente exclamar a viva voz SOY!

El Tiempo

Elegir da trabajo y porque es un trabajo lleva tiempo. Elegir también puede doler, que es diferente de sufrir con dolor. Elegir es una experiencia sin garantías y cualquier elección implica correr algún riesgo. Es importante preguntarse sobre qué riesgo es posible soportar, sostener y responder a esta pregunta pide tiempo y trabajo.

Este fue un pequeño resumen de mi sesión de terapia allá por el año 2007. Vivía en Río de Janeiro como expatriada, recién casada, curiosa por descubrir esa ciudad, aprender su idioma, hacer amistades nuevas y sin embargo no me sentía alegre. Salí de mi sesión y pedí en un negocio un papel donde escribí esta reflexión. Era la primera vez que sentía de manera consciente estas palabras: Elección, Dolor, Trabajo y Tiempo.

Hoy sigo preguntándome ¿Cuántas veces dejé de hacer cosas porque no sabía cuánto tiempo viviría en esa ciudad? ¿Para qué comenzar si seguramente dejaré todo a la mitad? Muchos años con ese sentimiento de incertidumbre de no saber para qué lado del mundo disparas con tus maletas. Claro que también esa etapa la viví intensamente y fue una gran experiencia, pero en trasfondo la consigna era “hay que esperar”. El disgusto que me lleva esperar y encima vivo en un mundo que cultiva la ansiedad. Vivir lejos de la familia y esperar al año siguiente para verlos, extrañar a mis amigos que viven en distintas partes del mundo e imaginar verlos en unos meses o quizá el próximo año.

En este trayecto de mi vida vengo realizando un proceso de valorar el tiempo que me lleva el trabajo, los momentos compartidos con amigos, mi hora de gimnasia, las salidas con mis hijos, el hecho de decir que no iré a algún lugar si lo que necesito es estar tumbada en la cama leyendo un libro.

A veces es contradictorio, hoy hace un día increíble de sol, un cielo que invita a asomarse a la ventana y preguntarse ¿A dónde vamos? y acá estamos con mi hijo cocinando galletas mientras yo escribo. Cada 5 minutos me pregunta cuánto tiempo falta para poder comer las galletas. Y aquí entra la palabra elección porque al elegir siempre se pierde algo. Algunas veces he elegido algo donde la he pasado tan fenomenal que ni me di cuenta el tiempo que pasó y otras elecciones demandan un proceso más largo o con dolor donde usualmente tus amigos te dicen que con el tiempo te vas a acomodar y poder resituar tu vida. No sé si es el tiempo que hace que uno se vaya sintiendo bien o es la voluntad y la energía que le pone uno para que eso suceda.

Aquí entra el trabajo que emocionalmente sentimos a la hora de que algunas decisiones lleven tanto tiempo y aceptar esos procesos de miedos, de ansiedad, de abandono y de dolor.

Las galletas ya están lista y aparece mi hijo menor preguntándome cuántos días falta para que sea Jueves. Yo tengo mi agenda completa ya con mis actividades y tareas que haré día a día . El tiempo es relativo, es un regalo y siento que aún hay trabajo de aprender a planificar mis semanas para poder hacer todo lo que quiero. Se puede. Es crear un hábito.

El tiempo no tiene precio, no podemos conservarlo en una lata para usarlo dentro de un rato, no podemos recuperarlo. Es aprendizaje, una ocasión propicia para expandirnos.