La Casa de 9 de Julio

Aquí les comparto un texto de una de mis lectoras Silvina Quiroga, que lo disfruten .
Desde chica llegábamos a Capital en auto. Yo apoyaba el mentón en el marco de la ventanilla para así poder divisar mejor esa única casa. Si, esa casa, la única en pleno centro, al lado del obelisco, sobre los edificios.
Me preguntaba si alguien la habría visto antes, años y años emocionándome al ver que en pleno centro había una casa e imaginaba ¿quién viviría ahí?, ¿Cuál sería su historia? ¿Ves que se puede vivir en casa en plenísima Capital?

Recuerdo una vez haberles dicho de esa casa a mi familia y que mis hermanos se burlaran de mí, diciéndome que no podía haber una casa al lado del obelisco. No me creyeron hasta que un día la descubrieron en nuestro rápido pasar.

Tengo en mi memoria, que en el Obelisco se celebró la llegada de la democracia con Alfonsín. Recuerdo haberlo visto pintado con aersoles y luego arreglado y enrejado. Recuerdo cruzar siempre esa gran avenida con terror a que me pisara un auto. Luego terror a los piropos obscenos mientras caminaba hacia ese gran McDonald’s, de regreso de la facultad, para comer alguna hamburguesa con queso, ya que el camino a casa sería largo.

Recuerdo ver desde chica mujeres, o más bien nenas, con un bebé, seguro su hijo, en brazos pidiendo, así como la caricia en la mano de ese pibe de 12 años para robarme el #Startac. Lo llevaba en la mano para marcar un número y contar que tenía miedo a un vagundo que se me acercaba demasiado. No supe qué hacer hasta que de repente me encontré corriendo detrás de este pibe a pasos agigantados por lo injusto de la situación. Recuerdo verlo perderse en una gran plaza y que la policía me dijera, sin más, que hacia allá huían todos. Me decía que ellos nada podían hacer, mientras la recorreríamos para que yo identificara al pibe.

Recuerdo mi promesa de evitar esa zona, cuya avenida cruzaba corriendo por que me gustaba ir a la facultad, a pie, para evitar el subte abarrotado de gente.

Recuerdo regresar de la facultad con una piedra en la cartera, porque a Ranelagh llegaba de noche, a un barrio poco iluminado de una avenida Sevilla vacía de gente y de autos. Recuerdo haber cruzado esa ancha, vacía y oscura avenida de mi barrio corriendo a más no poder, porque un tipo me seguía; uno que salía de la cortada oscura desde donde escuchaba sus pasos, oculto para acecharme. Bloqueó mi camino con su bici diciéndome yo que sé. Corrí hacia la luz del kiosco con este tipo de aspecto desagradable corriéndome detrás. Luego me contarían que ese muchacho por ahí habría pasado mirando todo y mirando a su nena que estaba ahí parada en el kiosco.

Recuerdo mi mochilita donde llevaba esa piedra por miedo a que un hombre me molestara en la calle, recuerdo agarrarla fuerte y abrazar la piedra con mis dedos mientras caminaba de regreso de la facu con la patrulla con 2 policías dándole toques a la sirena y diciéndome obscenidades, que yo evitaba escuchar, caminando, mirando al frente y temiendo reaccionar y que algo me hicieran.

Un día escapé del microcentro invadida por el stress de esa ciudad y no quise regresar más.

Pero el destino me llevó a un día regresar. Regresar a ese punto neurálgico por tener un interés altísimo en tomar clases de stand-up en el teatro del locutorio. Un pequeño teatro hacia el final del pasillo de un locutorio, a media cuadra del obelisco, bajando una oscura escalera; animándome a bajar por que una conocida me había recomendado ese curso al que ella también fue.

Ahí fui 6 meses parándome en el escenario con mis relatos, hablando, pretendiendo reírme de mi misma. Logrando hablar mucho, sí, pero sin poderme escapar de la narrativa, o lograr principalmente poder reírme de mi misma.

Enfrenté mis miedos, fui con miedo cruzando esa gran avenida. Estuve en el escenario de lo que uno veía en los noticieros.
Salí de las clases y vi la casa, ¿quién viviría ahí? ¿Cuál sería su historia? El profesor nos dijo que “no hagamos puerta”, no era una zona segura.

Vi el obelisco cambiar de colores y la casa iluminada en colores detrás. ¿Cómo se vería el obelisco desde sus ventanas? ¿Se vería una ciudad pacífica?

Ví a los de boca ó los de river/ a las de verde y de azul/ a los piqueteros con sus caras tapadas, palos en sus manos enfrentados a la pobre policía envalentonada con sus escudos en alto. De esa casa imagino, sólo se vería un mundo de colores bailar entramado con los colores intensos de los jacarandá en flor.

Y cada noche llegaba casi corriendo, abrazada a mi cartera, mirando hacia los costados atenta y exhalando profundo esos miedos antes de entrar. Otra vez me animé a las 7 o 10 de la noche correr apresurada, aunque llegara temprano por esa zona tan emblemática que en una postal o desde esa casa en lo alto se vería emblemática, señorial, rodeada de colores bailando de felicidad. De allí no se veían los colores rivales ni se escuchaban los petardos y banderas escritas, ni se veían los robos ni la piedra en mi cartera.

En seis meses aprendí un montón no sólo de las estructuras del stand-up, sino a no temerle “tanto” a esa zona, a cruzar sin correr ni pegarme a gente que me inspiraría seguridad y confianza. No temerle a las miradas de un hombre dándole pitadas a alguna yerba enroscada en un cigarrilo armado. No temer a las protestas, ni preguntarme ya qué hacían los camiones de canales de tv apostados sobre la plaza filmando en todas las direcciones. A no temerle a las hinchadas de Boca o de River. Pero si bien mis temores se apaciguaron, dejé mis clases de stand-up, de hablar en un micrófono sintiéndome pez en el agua. Es que aún no lograba hacer click con las cientos de hojas de material escritas, sentía no era momento de reírme de mi misma ni develar mis miedos por cruzar esa gran avenida. Pero había miedo instalado en mis entrañas de ese lugar aunque no me hubiera pasado jamás nada grave. Sentía ese cruzar como ponerme en riesgo totalmente innecesario y ya me hartaba de ver que todas las mujeres del grupo, por razones inentendibles, dejaran de ir también.

Ayer volví para ver la demo de la muestra de mis compañeros, los había extrañado, a mi profe también y al teatrito de cortinas rojas con sus risas por sobre todo. Por supuesto a esas caripelas las recordaba, sin entender, ¿cómo habría pasado 30 veces por esas veredas en la oscura noche?

Ese día el 59 no llegó a la 9 de julio, desviado por el movimiento de #TodosPorLucia , una chica apaleada y violada por un tipo que quedó libre por visitarla con una Cindor y no recuerdo qué otra golsina, muy inocente su visita para ser considerado un violador; consideró aquel hombre, el juez, el que tiene la última palabra.

Regreso, rodeada de mujeres con sus pañuelos verdes defendiendo a Lucía que ya se fue, con el calendario feminista de Victoria Morete en mi cartera reemplazando esa piedra que en realidad había sido regalo de mi amiga firmado por ella para representar nuestra amistad. Esa piedra que yo estaba dispuesta a usar en legítima defensa.

No soy verde, no soy azul, ni de ningún color, no puedo concebir el aborto salvo que se haga por una violación. Mi amor por los bebés sanos, no sanos, esperados ó no esperados pero bebés en fin, no son culpables de un “se me escapó quedar embarazada”. No soy verde, no soy azul pero si pido por #NiunaMenos Estoy en contra del machismo, odio haber tenido miedo toda la vida por ser mujer y odio estar contenta por no estar más en el rango de edad que pueda ser apetecible por un pibe sin educación, sin límites

sin escrúpulos.
Me parece injusto que no me sienta protegida por la policía, no me siento segura en una zona emblemática y tema hoy por mi hija cuando crezca. Sé que debo mantenerla atenta pero no transmitirle los miedos del ser mujer y no tener derechos a caminar sin escuchar palabras desmesuradas de un hombre calentón, estar atenta para evitar el toqueteo en un boliche y andar libre por la vida, tan libre como estos tipitos enfermos de mentalidad.

#LaCasaDe9DeJulio #TodosPorLucia

Sil Quiroga

Un Amigo Cómplice

Café de por medio, salidas nocturnas, caminatas, noches largas, reír a carcajadas, llorar desconsoladamente, abrazos de oso, largos mensajes por whatsapp que en alguna época no tan lejana eran cartas escritas en papel, vacaciones compartidas, secretos, contarte mi primer beso o mis proyectos, contar anécdotas, momentos de enojo, de dudas, de miedos y momentos de despedidas…. cuántos momentos que hemos pasado.

A lo largo de la vida frecuentamos varios grupos de amistades, desde que somos niños nos preguntan ¿Quién es tu mejor amigo/a?, nuestros padres se involucran en nuestras relaciones con nuestros pares tratando de cuidar nuestros vínculos, queriendo  que conectemos con personas que tengan valores parecidos. A veces rotulamos demasiado, en vez de dejar que sea lo que será.

Somos energía entiendo hoy, y sé que vamos vibrando de manera dispar. Conectamos a veces con personas de manera profunda y hasta irracional pudiendo compartir a lo largo de la vida o tan solo una o dos veces para luego desvincularnos en una noche de verano como si nada hubiese pasado y seguimos adelante por nuestro camino sinuoso codeándonos con personas sorprendentes, enigmáticas, atractivas, sombrías, amorosas, otras tantas incomprensibles, lejanas, y hasta desconocidas. Nos conectamos con la palabra, en distintos idiomas, a través de nuestro lenguaje corporal, desde esas miradas sostenidas que lo dicen todo, desde el corazón y a veces desde la ira.

He llegado a compartir momentos íntimos con personas elegidas y sin embargo, nunca pude conectar desde lo profundo. He viajado mucho y tengo amigos y conocidos en muchos lugares y he tenido que soportar durísimas despedidas. Con muchos de ellos vivencié historias de vida complejas, y aunque la distancia física provoque cierto tipo de dilatación, al volver a conectar aunque sea vía telefónica aflora esa sensación plena de estar hablando con ese alguien que te conoce la voz, que siente lo que uno siente, que no hace falta justificar ni juzgar, que escucha y que trasmite cotideaneidad.

¿Cómo nos conectamos hoy con las relaciones de amistad y familiares? Es una buena pregunta porque vamos cambiando de posición frente a diversos comportamientos y actitudes. A todos nos pasa. Queremos vernos más seguido pero también es porque vamos priorizando otros asuntos. Ponemos excusas de no tener tiempo, de que hay mucho tráfico, de que el clima no es el apropiado, los hijos, las parejas y así, tantos peros. ¿Son excusas? -me pregunto. Algunos vamos teniendo claro que decir no quiero verte hoy, significa que tengo más ganas de estar conmigo que contigo. La coherencia, la flexibilidad, la generosidad, el agradecimiento y la lealtad son otros valores a tener en cuenta para consolidar una relación de amistad.

A veces, al tomar distancia con algún familiar cuesta volver a entablar una relación ya que pasamos a desconocernos en algún punto. Querer que el otro relate sus sentimientos va a requerir que nos sentemos nuevamente a contar quienes somos, qué cosas sentimos y desde allí poder construir nuevamente otra conexión basada en la entrega, la confianza sin límites, la paciencia, el respeto, el afecto mutuo y el saber perdonar resignificando así esa nueva conducta que se genera entre dos o varios. Y también en las relaciones familiares si la confianza se destruye podemos dar un paso al costado y sin llegar a tener un trato soez,  poder elegir de qué manera vincular.

Vamos caminando por nuestro camino a veces acompañados por la misma persona, en otros momentos rodeados de gente, algunos van quedando en el camino y nos han dejado mucho aprendizaje o una gran lección. Quizás no volveremos a verlos, pero siguen estando en nuestro recuerdo.

Soy ingenua,  siempre he creído en los demás.  En general confío en las personas, aprendo sin experimentar todo, pues no lo veo necesario. Fácilmente  conozco a la gente porque tengo el don de saber cómo son, y muy pocas veces me he equivocado.

Debe ser porque estoy aprendiendo a ser una mujer madura y cursi a ratos. Sí, cursi porque dentro de mí está mi niña interior, mi adolescente impulsiva y  mi experiencia de vida. Quiero estar con alguien importante,  que me dé un antes y un después: antes de conocerte, cuando te llegue a conocer, bien o muy bien, tus gustos, tus sueños, tus planes para el futuro. Lealtad.  Quiero sinceridad, confiar en el otro, tener mi  mejor confidente, el que sepa guardar secretos, que me escuche sin juzgarme,  que  me abrace sin  exigir nada a cambio. Que me conozca sin criticarme, que tenga la fuerza para decirme las cosas que no le gustan de mí y yo tener la cordura para escuchar, mismo no este de acuerdo. Estar presente sin estarlo, en la distancia, con los pensamientos de alegría y buena vibra. Que tenga una palabra amable, una sonrisa, una risa, una oración cuando estamos mal, un llamado de atención cuando sea necesario. Que sea mi cómplice al viajar, caminar, correr, volar, leer un libro, ver una película, caminar por la playa, por la montaña, hasta tomar una simple taza de café en el momento que se pueda.

Quiero vivir, solo quiero un cómplice.  Un amigo cómplice.

Amistades

Semana que vengo reflexionando en el nuevo tema de escritura para el taller.

Las relaciones de amistad o familiares.

Recuerdo que desde que somos niños nos preguntan ¿Quien es tu mejor amigo/a? Como si tuviéramos que clasificar, etiquetar toda relación, cuando lo importante es que si se da, dejémosla ser y hacerla crecer y si no continúa será porque así tiene que ser.

En el camino personal de cada uno cabe preguntarse cuánto forzamos a veces la dirección de un vínculo.

Somos energía y vibramos diferente, a veces hay conexiones que se tocan una vez, otras en algunos momentos de nuestra vida, muchas veces vibramos a la par durante años. Lo mismo con la familia, vamos evolucionando diferente.

Me pregunto cómo nos vemos reflejados en las amistades.

¿Cómo me vinculo ahora?

Resignificar algunas relaciones.

Sigo reflexionando 🤔. Seguramente en un café rodeada de gente, con ese murmullo especial que en algún momento dejo de escucharlo me inspiraré y escribiré sobre este gran tema. Suelo inspirarme más al estar rodeada de gente observando miradas, gestos, mirando hacia adelante pero a nada en particular. Y si es en soledad con alguna música de fondo .

#emociones #amistad #familia #tallerdeescriturayreflexion #caminodelhéroe #relatos

Ladis

Después de una semana enérgica y con muchos logros personales, amanezco hoy en paz , el día se ve gris pero me visto con ropa de color. Abro las ventanas de par en par para que se vea el verde de los árboles del frente y  dejo que entre ese aire fresco con olor a lluvia que cae copiosamente y me moja todo el balcón.

Esta semana vengo reflexionando sobre otra gran palabra y no puedo evitar pensar en mi amiga Ladis. Ella es colombiana, una morocha jovial de ojos negros que cuando ríe se le notan sus pecas en sus cachetes. Nos conocimos en Bakú, ambas con el mismo objetivo; seguir un proyecto familiar viajando por varios países. Mientras me sirvo otro mate dejo mi mente vagar por aquella época.

Bakú es una ciudad hermosa donde la arquitectura del lugar te invita a convivir con la historia y el progreso permanentemente. Algunos edificios viejos y rotos de la época soviética, calles angostas donde si uno mira hacia arriba se encuentra con una gran red de tendederos de ropa. Se ven plazas, con sus grandes fuentes impecables, bien cuidadas y en primavera tan llenas de flores. El gran boulevard que da al Mar Caspio donde los fines de semana las familias pasean, se sientan en los bancos de madera, o en algunas casas típicas para tomar el té. Al mismo tiempo hay construcciones modernas como las torres en forma de llama de fuego, todas de vidrio y que por las noches iluminan con distintas figuras gran parte de la ciudad, si fuera una postal cada foto tiene ese contraste, la ciudad vieja amurallada de casas bajas, callecitas de adoquines, lugares donde te dan baños turcos llamados hamman y los modernos edificios de esta era del modernismo, sin líneas rectas y sofisticados.

Ladis y yo junto a otro grupo de mujeres de la comunidad de habla hispana solíamos caminar por esos lugares y por 3 años de los 5 que estuve convivimos como una gran familia. Al principio vivir en el extranjero es duro, en este caso el choque cultural y el idioma fueron para todos un gran desafío. Después de un tiempo uno va haciendo amigos, nuevos grupos que hacen que los momentos tristes desaparezcan y uno puede sentirse en casa, porque después de todo, el hogar reside donde habita el corazón.

Hay relaciones que se profundizan, es como que todos estamos con las mismas dificultades y juntos vamos haciendo esta vida en el extranjero más amena, pasamos por emociones parecidas y nos fortalecemos poco a poco. Con Ladis tuve una gran conexión desde el principio y en este presente que continuamos nuestra amistad a la distancia ella en México y yo en Buenos Aires hemos vivido situaciones de vida muy parecidas.

Tuvimos la oportunidad de vernos en 2017 y compartir 3 días de vacaciones, es extraordinario encontrarte con alguien y hablar como si lo hubieras visto ayer. Yo les llamo amistades profundas. Y se siente, al despedirse, una gran congoja porque si bien el vínculo no se rompe sabes que no sabrás si volverás a ver a esa persona o no. Es un gran proceso de duelo que se hace y lo más difícil que me ha tocado procesar en esta experiencia de vivir en el exterior.

Esta semana hablé con ella porque está atravesando un momento sensible donde decidió avanzar en su vida, volver a mudarse, comenzar de cero y sola. Ella es fuerte pero le hablé desde mi experiencia.

Este año pude transitar lo que significa dar un paso al costado, cambiar de posición para poder analizar mejor los ruidos que escuchaba alrededor. Y para esto se necesita un periodo de introspección, de aislamiento para mirarnos hacia adentro y preguntarnos cómo estamos, qué soñamos, porqué es importante hacer o no lo que venimos realizando. Es muy positivo y necesario le dije a Ladis poder aislarse para poner atención en nosotros mismos.

Pasa que en este proceso, y cuando pasamos por muchos cambios, pasamos a tener momentos donde esa soledad nos sofoca, nos oprime, nos aplasta o nos deja todo el día en la cama con el edredón tapándonos hasta la cabeza no vaya ser que alguien nos encuentre. Es ése lugar donde no nos soportamos ni a nosotros mismos, es incómodo.

Y salimos un día a la calle con la frente en alto enfrentando nuestros miedos  pero al mismo tiempo sintiendo esa carencia voluntaria o no de compañía. Somos seres sociales donde usualmente creemos que sobreviviremos solamente si estamos en conexión con otros.

Ambas pasamos por distintas fases de ambigüedad entre esa sensación de clausura y de encierro y otras tomando esos momentos como oportunidades para comprender nuestro propio mundo interior.

Sigue lloviendo, el mate ya está frío, se escucha Let her go de Passenger levanto la mirada y miro alrededor. Estoy sola.

“Sólo necesitas la luz cuando se está consumiendo,

Sólo echas de menos el sol cuando comienza a nevar,

Sólo sabes que la quieres cuando la dejas marchar.”

Fin de Ciclo

La foto muestra el camino que me llevó hoy a finalizar un ciclo. Este ciclo fue como el camino del héroe Aristotélico que dice que cuando uno comienza un camino, tiene un propósito y va atravesando cada etapa acompañado de algunas personas que ayudan, otras que quedan en el camino. Va enfrentando emociones como la ira de no poder concretar algunas cosas en tiempo y forma, la culpa que tal vez esta decisión genera, algunas mentiras que descubre, tantísimos miedos como el de enfrentarse a su propia identidad. En otra etapa se aventura en soledad a enfrentar a sus más oscuros demonios y allí, al entrar a la cueva  se sabe si muere o renace. Renace descubriendo el verdadero valor, asimila el autoconocimiento. Crece, cambia de posición y retorna al punto de inicio de ese loop transformado.

Ahora el ¿Quién soy? tiene una respuesta más clara. ¿Recuerdan el relato que escribí sobre la identidad?

Esa construcción de la base  del iceberg se va amalgamando y fortaleciendo. Creo nuevos espacios de aprendizaje y evolución. Me siento más liviana, en mi ciclo hubo muerte de viejos patrones y conductas. Comienza la vida, mi autoconfianza está cerca, me planteo una gran meta y trabajo en este momento en desmenuzarla en objetivos pequeños, alcanzables, y celebro y agradezco. Visualizo mi YO SOY.

Hay trabajo.

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Bordeline

Te respondí tantísimas veces – Yo sé o yo lo sabía que recién  ahora  lo entiendo querido amigo, mi no editor. En esta construcción consciente de mí ¿Quién soy? donde por primera vez puedo presentarme diciendo Yo soy y reflexionado sobre esta palabra que no la tenía en mi vocabulario por conceptos erróneos, en este instante puedo desmenuzar estas tres letras que conforman la consciencia de la propia identidad.

Dicen que hay que domarlo, que para ser feliz no lo necesitamos, que tenemos que despojarnos poco a poco como cuando uno va sacando cada pétalo de una flor de margarita.

Hay una frase de Osho que lo sintetiza perfecto en mi opinión y en base a ésta les contaré el tesoro que descubrí al bucear en mi interior. Dice así:

“ Si una persona conoce su propio valor no tiene que preocuparse por lo que piensan los demás, por eso es importante conocerse, porque solo el ego es el que depende de las opiniones de los otros. El ego tiene que transar para quedar bien, pero el verdadero ser no”. 

 En las profundidades de mi ser pensaba que la autoestima tenía que ver con el ego. Siempre sentí confusión. Ahora veo que una de las cosas que bloquean el crecimiento es no saber qué tipo de ego está en nuestra personalidad. ¿Qué tipo de ego tengo?

El que le gusta llamar la atención o el sabelotodo que quiere tener siempre la razón, que no tiene nada que ver con el egocéntrico que quiere ser el centro de atención, el sabelotodo también independientemente que sea o no el centro de atención quiere tener respuestas para todo. El competitivo o el silencioso que maquina mucho y emite juicios de los demás. O será el que necesita que su ego sea alimentado de reconocimiento y admirado por lo que hace o dice.

Buceando encontré que pensaba que no era egocéntrica, y todo lo contrario, pienso que vengo transitando por la vida con un ego borderline, a veces actuando para ser reconocida por los demás porque como dice siempre Cari todos queremos ser queridos y recibir cariño y muchos egos dependen de la situación donde nos encontramos. Otras tantas el ego competitivo.

El ego se siente atacado, cuestionado, ofendido y pretende tener la razón.

El tesoro que encontré es una gran flor de persona que es empática, que aún tiene dificultad para aceptar críticas, que sabe que todos somos diferentes, que es una facilitadora de herramientas para los demás, una gran dadora, que como un diamante en bruto, va alineando las aristas para equilibrar las cosas que da a los demás con lo bello que tiene dentro para sí misma. Encontré bajo mi piel, pasando las capas de esta obesidad que me envuelve, muy en el fondo navegando las aguas de mi ser, a la palabra VALOR, y será en un proceso a mediano plazo que mi verdadero ser podrá domar ese borde entre el hacer para quedar bien o para estar en paz. El autoconocimiento, el valor propio es mi gran tesoro hoy.

Para mi, desmenuzar la palabra EGO sería trabajar en la E de emociones, la G de gratitud y la O de observadora de mis acciones.

Sobre la Muerte

Ella solo asentía .Yo le regalaba mi sonrisa. Siempre lo recordaba. Cada mañana antes de entrar a la escuela, tocaba el timbre  a doña Aquilina y le dejaba un puñado de galletitas boca de dama que tanto le gustaban.

Ahora, unos años más tarde, al regresar del trabajo suelo encontrarla sentada en el banco de la plaza Placeres. Se la ve mas mayor, con su pelo corto  y siempre vestida bien elegante. Hoy lleva una falda gris noche con una blusa rosa pálido, usa pulseras y aretes. Su mirada denota soledad. Yo sonrío, ella dice muchas gracias, supongo que por las galletas que le dejaba .

Hoy fue un día de locos , Fernando me pidió que deje todo preparado para la reunión de mañana, Don Guzmán me tiró el café encima mientras corregía los informes finales. La oficina era un caos. Hacía días que tenia cansancio acumulado, dolores en las cervicales y esa sensación de ir por la vida igual que el dibujo del electrocardiograma. Decidí volver temprano.
Con la cartera aún puesta saqué la ropa del lavadero y la colgué, revisé las mochilas de mis hijos, abrí la heladera, la cerré, levanté juguetes del piso, volví a la heladera, la abrí y volví a cerrarla.

Mi madre me llamó para decirme que no olvidara buscar el tapado de color rubí en la tintorería. Era un tapado de su abuela que para mí era de color rojo fuego que ella solo usaba en ocasiones especiales.

Se acercaba el final del día, estaba sola y eso significaba momento de lectura y a descansar. Al rato escuché sonar el timbre de casa, me asomé por la ventana pero no vi a nadie. Pregunté con voz gruesa,- — ¿Quién es? y nada.
Al rato, bajé las escaleras y me animé a abrir la puerta, en el piso había una canasta llena de galletitas boca de dama.
En voz alta grité- Muchas gracias!.  Era un atardecer cálido y ese cielo rojo fuego como el tapado de mamá teñía las casas y la calle.

Nunca la vi sonreír.

Abuela Aquilina. Hoy me acordé de vos. De tus te de las 5, de las boca de dama. Decidiste desaparecer envuelta en llamas, al rojo vivo como aquel atardecer.

Un cuento inventado. Un recuerdo real.